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Ruta del arte público obsceno en Barcelona: un recorrido por los rincones más explícitos

De las 1000 caras de Barcelona, la canalla siempre sale a relucir… Y en una ciudad que se caracteriza como descomplejada, encontramos ciertos rincones que directamente llaman a escandalizar: ya sean artisticos desnudos del s. XIX o directamente un musculado culo de bronce como homenaje olímpico. Bienvenidos a la Barcelona del despelote

La monumental, la artística, la histórica, la mística… Barcelona tiene mil caras, y todas dispuestas a mostrarse sin ningún tipo de complejo… Y si lo hubo, se lo acabó quitando. Es el caso de la Barcelona obscena, en el buen sentido de la palabra: aquel arte público obsceno en Barcelona que hace que se muestre desnuda, provocadora, atrevida, pero siempre con lo artístico o la intención de hacer reflexionar al espectador como objetivo.

En esta ruta del arte público obsceno en Barcelona veremos diferentes ejemplos de monumentos, esculturas, rincones que tienen lo explícito por señera, la clasificación «dos rombos» por bandera, pero no de una forma escandalosa (aunque en algunos ejemplos así haya resultado), sino desde la perspectiva que la experiencia o la historia que conozcamos sobre ellas nos da.

Un arte público obsceno que nos desvela esa mirada «sucia», que sin embargo en la de un niño, no le dice absolutamente nada o pasa desapercibida.

Ruta del arte público obsceno en Barcelona

Inicio: Parque de Carlos I (L3 Ciutadella)

Final: Parc Joan Miró (L2 Tarragona)

Duración: 1 hora 40 min. (6,7 km)

11 paradas

Escultura El Cul

Empezamos esta ruta del arte público obsceno en Barcelona en el punto que mejor define el carácter de este amplio recorrido: no estamos paseando por la ciudad en busca de desnudos y morbosidad (aunque estén presentes), sino de rincones que han estado ahí desde hace años y que, en cuanto nos paramos a observarlos es inevitable que se nos escape un: ¿Qué c%jones es eso?

Es el caso de esta escultura de 6,5 metros de altura homenaje a Santiago Roldán: presidente del holding olímpico (Holsa). Es decir, de la agrupación de empresas que, de 1989 a 1993 dieron forma a todas las infraestructuras necesarias para los JJOO del 92.

La intención es elogiosa, pero lo que realmente vemos es, en palabras del propio autor de la obra, Eduardo Úrculo, «un culo de enormes dimensiones». Y si, no hay por donde disimularlo… Úrculo, uno de los máximos exponentes del pop art patrio, quiso representar las contorneadas y fornidas piernas de una atleta desde los tobillos hasta, efectivamente, un culo igual de gigante.

Monumento a los Voluntarios Catalanes

La segunda de las paradas de esta ruta del arte público obsceno en Barcelona no resulta tan explícita… ni siquiera nos tendría que escandalizar en pleno s. XXI, pero sí que lo hizo en época franquista…

Para llegar a ella bordeamos el campus de la Ciutadella de la UPF (excelente excusa para visitar su biblioteca, situada en el antiguo depósito de aguas que surtía a la cascada monumental) hasta entrar en el parc de la Ciutadella. Saludamos a Pepita Teixidor y muy cerca del lago nos encontramos con un clásico desnudo masculino en bronce.

Se trata de algo tan aséptico y noble como es el homenaje que el escultor Josep Clarà (junto con Llimona y Marès, uno de los máximos exponentes de la escultura barcelonesa en el s. XX) quiso hacer de los voluntarios catalanes que libraron la I Guerra Mundial junto al bando aliado.

Llamar a esta escultura «arte público obsceno» forma parte de la exageración de esta ruta… incluida en ella porque lo fue, concretamente en su restauración de 1954. Ese año las autoridades franquistas decidieron cubrir los genitales del soldado con la también clásica (ya hay que ser rancios…) hoja de parra. No vaya a ser que las señoritas se volvieran locas al ver un pene de bronce…

Hoy la podemos apreciar sin el tapujo, ya que en el 2011 se cambió unos metros su ubicación y, puestos ya a trasladarla, se aprovechó para restituir la púdica intervención.

Estudio de Erika Lust

Salimos del parc de la Ciutadella por la primera de las puertas que, desde el lado montaña, nos lleva al passeig de Picasso, y desde allí nos dirigimos hacia el pasaje que nos lleva al Mercat del Born.

Allí, en el número 32 no veremos nada especialmente escandaloso (a menos que nos pongan los edificios porticados, en ese caso, estamos ante uno de los mejores ejemplos de la ciudad), tampoco un ejemplo de arte público obsceno, pero sí algo muy característico de la idiosincrasia de la ciudad respecto a sus complejos en el s. XXI.

Allí se sitúa el estudio de Erika Lust. ¿Y quién es Erika Lust? La primera productora de porno femenino, entendiéndose éste como películas de alto contenido erótico (lo que vienen a ser películas porno, vamos) en las que se elimina el componente machista que impera en este tipo de producciones.

Así, desde los tempranos dosmiles, Lust nos ofrece un producto en el que lo explícito y sexual no desaparece, pero donde la mujer no es tratada como simple objeto de deseo y forma parte activa de la trama. ¿Qué trama? os preguntaréis… ahí radica la diferencia de las películas de la productora Lust Films, donde la calidad no va reñida con «lo guarrete» y la perspectiva de género está siempre presente.

Les Carasses del Born

Tras apreciar el excelente ejercicio de memoria, historia y cultura que representa el Mercat del Born, nos introducimos en el barrio homónimo para realizar una mini gimkana que nos permitirá descubrir sus calles en base a una llamativa, a la par que sutil, señalización medieval.

Se trata de las carasses: sátiros representados en las esquinas, puertas y ventanas de las calles como reclamos para… burdeles. Podemos encontrar hasta tres conservadas: una en el carrer de les Panses, otra en el carrer de les mosques y la última en el carrer Mirallers.

¿Y por qué tantas situadas en el barrio del Born? El motivo no es otro que el carácter marinero de este rincón en la Edad Media. Es aquí donde se dirigían quienes llevaban meses en alta mar y buscaban el «alivio» de las señoritas de compañía. Al ser la mayoría extranjeros, combinado con una población altamente analfabeta, estos locales requerían señalizaciones específicas que ayudaran a su localización.

Primeramente se usó una numeración en color rojo pasión (siglos antes de que esta tonalidad diera nombre a un barrio de Ámsterdam famoso por similares circunstancias…), siguiéndole motivos vegetales hasta que, las casas de placer llegaron a estar tan sobrecargadas y ser tan llamativas que, Felipe V (él tan dado a aguar la fiesta…), dictó que se eliminara cualquier otra indicación que no fuera la de un sátiro en la esquina de la calle donde se encontrara el burdel.

De esta forma tan dictatorial, el rencoroso y déspota Felipe V creó sin pretenderlo una categoría de arte público obsceno medieval: les carasses.

Estos simbolizan la lujuria satisfecha, y desde entonces los encontramos anunciando que, por allí cerca, se encontraban prostitutas… Excepto en Semana Santa y el día del Corpus, que se trasladaban todas al Convento de la Santa Creu, donde eran cuidadas por las monjas para que los cristianos no pecaran en días sagrados.

«Les Cases de Barrets«
Estos prostíbulos no eran cosa solo de marineros medievales: en la Barcelona burguesa a estos locales se les pasó a denominar despectivamente como «cases de Barrets» (casas de sombreros).

El motivo de esta curiosa denominación viene del habitual acto de los clientes de colgar sus sombreros en el perchero que se situaba a la entrada del local, viéndose incluso desde la calle repleto de estos elementos ornamentales tan propios de la burguesía.

Font del Geni Català

Salimos del Born para recuperar «cierta compostura» admirando otra de las obras clásicas que nada debería tener de arte público obsceno si no fuera por la hipócrita moral de las autoridades de la época.

Se trata de la fuente del Genio Catalán (font del Geni Català): una obra escultórica (de las primeras instaladas en la ciudad, allí desde 1856) dedicada a José Bernaldo de Quirós, marqués de Campo Sagrado y capitán general de Cataluña entre 1824-1827.

Más allá de lo que representa su alegoría (os la detallamos en la ruta dedicada a las estrellas en Barcelona), se incluye en la «obscena» debido a que, nuevamente, las sugerentes y clásicas formas del ángel que la culmina hicieron que parte de la sociedad se escandalizara.

En este caso, «con la iglesia hemos topado», en concreto con el obispo de Barcelona, que poco después de su instalación, observó con rubor cómo las damas barceloninas acudían al Pla de Palau para «maravillarse» con los atributos de la figura.

¿Cuál fue la solución propuesta? La mutilación. Y para que la escena no pasara del erotismo al gore, se le añadió un tapujo que no fue retirado hasta 130 años después, en la década de los 80 del s. XX.

Los pechos de Santa Ágata

Volvemos a topar con la iglesia… En este caso con una de sus santas y una representación un tanto curiosa de ella.

Para encontrarnos con Santa Ágata, atravesamos Vía Laietana hasta la Plaça del Àngel, callejeando hasta alcanzar la Plaza del Rey, donde nos espera su capilla nada más y nada menos que empotrada en la muralla romana, como parte de la Iglesia de Santa Águeda.

Dentro nos espera el que es considerado uno de los mejores retablos del gótico catalán: el retablo del Condestable, decorando un espacio en pie desde 1302. Pese a su magnificencia, hay un detalle que aún puede eclipsarlo y por el que lo incluimos en esta ruta del arte público obsceno: la pintura de Santa Ágata.

¿Qué puede tener de obscena una imagen religiosa? Que ésta nada mas y nada menos porta sus propios pechos en una bandeja. La razón de esta representación no es otra que uno de los martirios por los que la santa pasó en el s. III, que como nuestra Eulàlia, fue perseguida y torturada por cristiana en época romana.

El martirio al que el cuadro hace referencia es el que nuestra protagonista tuvo que sufrir tras ser condenada a trabajar en un prostíbulo, del que milagrosamente salió virgen. Considerando este acto como un desdén, el senador Quintanius mandó cortar los pechos de Ágata, que ahora ella nos ofrece desde este rincón del Barrio Gótico.

Santa Ágata es, por la razón de su martirio, la matrona de las enfermedades mamarias

Ángeles sodomitas del Palau Lloctinent

Mejor suerte corrieron los protagonistas de la siguiente parada, que pese a pasar más de cinco siglos realizando prácticas sexuales en público y al alcance de cualquier mirada, permanecen impasibles justo delante de un lugar tan sagrado como la Catedral (y no de manera casual…).

Los encontramos justo en el edificio de enfrente de la Iglesia de Santa Águeda: el Palau de Lloctinent, solo que al otro lado de su fachada, la que asoma al carrer des Comtes.

Allí, justo en la entrada principal del Palacio del representante del rey en Cataluña, nos esperan dos amiguitos que dejan a la palabra obscenidad de la ruta a la altura de la Blancanieves de la Plaza Gala Placídia: como algo anecdótico.

¿La razón de resultar tan escandaloso? Nos encontramos con dos representaciones angelicales en la que uno de ellos practica una felación a «un ser monstruoso», y otro se introduce un fuelle por el mismo lugar donde Eduardo Úrculo representaba el homenaje a su amigo que iniciaba la ruta…

¿Por qué razón dos angelotes iban a aparecer representados de forma tan explícitamente obscena en una época en el que la Santa Inquisición aún perseguía actos impunes (y no te decimos ya, con toques homosexuales…)? Porque fueron enviados tallar por el propio rey: Carlos V.

¿Y por qué Carlos V querría tales ejemplos impúdicos en el palacio de su representante en la ciudad? Porque se llevaba realmente mal con el obispo de la ciudad: Jaume Cassador, y no se le ocurrió una mejor forma de chincharle que colocando tales ejemplos de arte público obsceno: unas escenas claramente pornográficas justo en la zona en la que la figura eclesiástica accedía a la catedral.

Detalle de ángel sodomita del Palau Lloctinent

Museo de la Erótica

La siguiente parada de la ruta es de las más didácticas y de las que mayor sentido tiene incluirla, ya que basa su existencia en aunar arte, cultura y erotismo. Se trata del primer museo dedicado a ello en España, en activo desde finales de los 90 y que podemos encontrar en plenas Ramblas, en el número 96, que muy inteligentemente han invertido en su iconografía para representar un 69…

¿Encontramos porno en las paredes de este museo situado en una casa novecentista? Ciertamente sí, dos de las obras que el rey Alfonso XIII mandó grabar en 1920 en un prostíbulo y que se consideran de las primeras (si no las primeras) de este género en el país. Pero más allá de estos documentos históricos (aaaay estos Borbones… de tal palo…), el resto es puro arte.

Desde cómo trataban el culto al cuerpo los romanos, griegos y egipcios, hasta vídeos y dibujos eróticos de John Lennon con Yoko Ono, pasando por originales de Picasso y Dalí (dos que de erótica pilotaban mucho, demasiado…), Klimt y Rembrandt.

Porque si algo nos debe enseñar esta ruta es que de lo obsceno también se puede extraer cultura, hasta el punto que no hay cultura en que no se juegue entre lo sutil y lo explícito.

Huellas de prostitutas

Si hay un lugar canalla en Barcelona, ese es el mismo punto donde nos encontramos en la ruta: sus Ramblas. Y dentro de lo canallesco la obscenidad siempre acaba haciéndose presente, más en las noches de lujuria que esta arteria de la ciudad vive y ha vivido desde el momento de su establecimiento.

Muy conocidas de hecho son las que se vivían en la segunda mitad del s. XX en su parte baja, donde acostumbraban a postrarse las prostitutas que, tras el decreto de 1956 que prohibía la venta de servicios sexuales y, con ello, la clausura de burdeles (tuvieran carassas o no), se vieron obligadas a «hacer la calle».

Tan frecuente era el uso de esta parte de la Rambla para la prostitución, que en el número 22 y 24 encontramos un curioso testigo al respecto: las hendiduras que en el mármol quedaron de los tacones de las que allí se situaban, que coincidía con la localización de una pensión que hacía la vez de lugar de encuentros.

En torno al año 92, coincidiendo con los albores de las Olimpiadas, tanto ayuntamiento como los vecinos de la Rambla, se afanaron por adecentar una zona, la de la Rambla de Santa Mónica, que se había convertido en un peligroso nido de delincuencia, remodelando la zona y eliminando prácticas que pudieran dar una mala imagen de la ciudad.

Sala Bagdad

Retrocedemos un par de calles desde este punto de la Rambla para abordar el carrer Nou de la Rambla, que nos será familiar por encontrarse casi esquina con la más concurrida de las calles barcelonesas el Palau Güell: una de las primeras obras de Gaudí y donde ya se hacía patente su particular estilo.

Casi esquina con Paral·lel, encontramos el que es considerado el templo del erotismo (y diríamos sin equivocarnos, que del porno) en Barcelona, todo un referente nacional: la Sala Bagdad.

Abierta tan solo un mes después de la muerte del dictador, la Bagdad destaca entre todas las salas por no dejar nada a la imaginación: es el único club nocturno con sexo en vivo, con actuaciones en las que igual te encuentras una bailarina que saca 150 metros de perlas de su vagina o un faquir levantando bombonas de butano con… ya os podéis imaginar.

Una «excusa» para visitar la Sala Bagdad es la curiosidad de que, nada mas cruzar su entrada, nos encontramos con tres metros de la muralla medieval de Barcelona perfectamente conservada.

Lejos de escandalizar con su total descaro, la Bagdad, a cargo de su, no menos mítica, dueña Juani de Lucía, ha acogido en su sala personalidades tanto a un lado como a otro del escenario, pasando por Cicciolina, Rocco Siffredi o el más recordado de todos: Nacho Vidal, que comenzó toda su andadura en la industria precisamente desde este rincón donde lo excesivo es obligatorio.

Dona i Ocell

¿Qué tiene de arte público obsceno esta emblemática obra de Miró? Absolutamente todo, aunque no nos lo parezca…

Subimos todo el Paral·lel para, una vez cruzada Plaza de España, encontrarnos 22 metros de… falo. Porque eso es lo que es Dona i Ocell, y no porque así queramos verlo nosotros, sino porque así lo expresó el propio Joan Miró.

Se trata de una interpretación del escultor y pintor barcelonés de los falos con los que los romanos deseaban salud y fuerza a la entrada de sus ciudades, y como dentro de la trilogía de obras que regaló a la ciudad, esta era la encargada de dar la bienvenida por tierra, vio claro que un pene erecto unía su arte con su simbología y, de paso, celebraba que se había acabado el franquismo.

Para dar más fuerza y expresividad a su obra, (que también es un homenaje a Gaudí y su trencadís), Miró incluyó una vagina en el centro, que representa el ídem del universo. Un universo femenino culminado con un sombrero y una media luna.

La obra de miró, Dona i Ocell es toda una oda al falo y a la vagina

El arte público obsceno en Barcelona fuera de ruta

A estas alturas hemos descubierto 9 ejemplos que nos pueden cambiar la mirada sobre puntos cotidianos de nuestra ciudad que, sin embargo, ocultaban un doble sentido que nos puede llegar a confundir sobre los límites del arte, la cultura y el erotismo / pornografía. Pero este «inocente» recorrido por el arte público obsceno se nos queda corto tanto en fronteras como en historias.

Parc Cervantes

Hoy es uno de los parques más insólitos de la ciudad, con una colección de rosales que alcanzan los más de 10.000 ejemplares, lo cual lo convierten en el escenario perfecto para el Concurso Internacional de Rosas Nuevas que, desde 2001, acoge en la primavera barcelonesa a diferentes delegaciones de diferentes países que exponen sus variedades «inéditas» y en las que se vota desde la floración hasta el mejor perfume.

Este hecho no impide que, este parque instaurado en 1965, no fuera considerado más que una especie de Bluespace, un enorme trastero, para un ayuntamiento franquista carente de sensibilidad cultural.

Es por ello por lo que, por lo inhóspito de su localización (por aquel entonces, esta entrada de la ciudad era poco más que un fanguizal de torrentes provenientes del Collserola), a esta zona acababan las esculturas públicas que escandalizaban a la sociedad nacional-católica imperante.

Aquí fue exiliada Oda a L’Empordà, de Ernest Maragall, acusada nada más y nada menos de no ser una oda a la comarca gironina, sino al lesbianismo. Por suerte, con la llegada de la democracia, la razón sustituyó al fanatismo y la escultura volvió a su lugar de origen: els Jardinets de Gràcia.

La que no corrió la misma suerte (o sí, según la perspectiva de haber acabado en uno de los parques más originales de la ciudad), es la obra «Serenidad» de Eulàlia Fàbregas, cuyo desnudo le valió el ticket directo a la frontera con Esplugues, donde no molestara a la mirada «limpia y pura» de la burguesía barcelonina.

Lo que no fue tan limpio y puro es el significado que el ayuntamiento de Porcioles (abnegado franquista con la cultura de un primate) quiso darle. De igual forma que, sin sentido alguno, convirtió a la Dama del 29 en un homenaje a los propulsores de la Exposición Internacional, con «la chata» (como popularmente se denomina a esta escultura, por su característica nariz) repitió jugada y la consideró como un homenaje a los 25 años «de paz franquista».

Un compañero nudista como símbolo del cambio de los tiempos
A «Serenidad» le acompaña desde 1991 «Adán»: una representación del primer hombre que se muestra «tal como vino al mundo» sin ningún tipo de pudor.

Pese a que la obra es coetánea a la de Fábregas, de 1968, no llegó al parque cervantino hasta 1991, cuando la viuda del autor, Jacinto Bustos Vasallo, la donó al Ayuntamiento.

Por aquel entonces el Parc Cervantes ya no era lugar de exilio ni museo del arte público obsceno, sino de pleno derecho espacio de recreo para todos los barceloneses, por lo que la colocación de este desnudo ya no responde a la dura moral dada durante el franquismo y sí a criterios estéticos y artísticos: algo que desde siempre debe ser inherente a cualquier obra de arte.

Adán, parque Cervantes de Barcelona

Palau Reial

La «chata» tiene una hermana gemela que tiene el honor de dar la bienvenida a los jardines de Pedralbes. Se trata de la escultura Mediterrània: otro desnudo femenino de la misma autora y que, por lo tanto, ya estaba sentenciada a acabar en «Upper Diagonal» cuando todo aquello era campo (1962).

Hoy es todo un lugar de distinción, pero por mucho que aquí se situara el Palau Reial ya por entonces, y le acompañaran fincas a la altura de los Güell y otros magnates, poco más que aquello era Mordor para los ciudadanos de a pie.

Y como la nobleza sí que era, cuanto menos, más dada a apreciar en los desnudos el arte y su valor estético (Nobleza 1 – Burguesía 0), este seguía siendo el destino predilecto de aquellas esculturas «escandalosas». De hecho, a Mediterrània le acompañaron obras de Clarà como «Joventud»; la «Escultura Marina» de Eusebi Arnau; o la triada de «Figuras Femeninas» de Josep Llimona, Enric Casanova y Àngel Tarrach que aún hoy en día apreciamos en la explanada de entrada al parque.

Plaza Catalunya

Hemos hablado de «destierro» de numerosas esculturas a los lejanos Palau Reial y Parc Cervantes pero, ¿Dónde se iban a situar muchas de las esculturas que al final acabaron en la Diagonal? La respuesta la encontramos en la céntrica Plaza Cataluña.

Concebida en los alrededores de la Exposición del 29 como un gran museo al aire libre (tiene, nada más y nada menos que 28 esculturas), se convocó a concurso público a muchos de los grandes escultores de la época para decorarla.

Inmersos en el clasicismo (del que el novecentismo es bandera), autores consagrados como Eusebi Arnau o Josep Llimona, recurrieron a desnudos como la Escultura Marina o Figura Femenina respectivamente. Este hecho supuso que la mojigata sociedad burguesa imperante, viera obscenas estas escenas y solicitaran su destrucción.

El ayuntamiento, que quería convertir plaza Cataluña en un centro de reunión y no en un polvorín, decidió tirar por la calle de en medio y alejar a las esculturas polémicas al recién urbanizado entorno del Palau Reial (el Parc Cervantes ni existía ni se le esperaba hasta tres décadas después), donde desde entonces nos miran con la misma sensualidad y descaro que fueron creadas.

Curiosamente, en la plaza Cataluña encontramos desnudos que sí pasaron el filtro, entre ellos Juventud, de Josep Clarà, que es aún más insinuante y explícito que cualquiera de los que se desterraron.

Escultura L’Empordà

Ya hemos desvelado la razón por la que una escultura homenaje al poeta Maragall por su centenario fue considerada altamente obscena y se ganó el destierro… La oda realizada por su hijo escultor: Ernest Maragall, no solo no gustó en unos años 60 de amplio conservadurismo, sino que, como si de una referente LGTBIQ+, se la acusó de «apología al lesbianismo».

Con este currículum, lo mejor que le pudo pasar es que se la llevaran lejos del pudiente y poco pudendo passeig por excelencia de las clases altas, solo volviendo en 1985 cuando, ironías de la vida, el alcalde Pasqual Maragall (nieto del homenajeado) la devolvió a su lugar de origen, del cual nunca debía haber salido.

Torre Glòries

¿Qué hace el tercer edificio de mayor altura de la ciudad en una lista de las obras más obscenas que se pueden apreciar en Barcelona? El chiste se cuenta solo… Desde que fuera inaugurada en 2005, a la Torre Glòries (antes conocida como Agbar) no le han faltado calificativos que la comparan con cierto miembro viril.

Por mucho que su autor, Jean Nouvel, dijera inspirarse en un geiser o enorme surtidor (al ser en origen, la sede de la compañía de aguas), pasando también por el tamiz de las agujas de las montañas montserratinas, la población al mirarla desde el primer minuto lo tuvo claro: obscenidad pura y dura.

«La Pilila»

Y precisamente para jugar con ese doble sentido y con el pomposo discurso de Nouvel sobre qué representa la torre Glòries, desde 2014 nos encontramos junto al Parc del Centre de Poblenou (también obra de Nouvel) «la Pilila». Así, sin dobles sentidos a la hora de nombrarlo.

Donde sí encontramos el doble sentido es en la representación de ésta, que en favor de la estética y el decoro, el artista valenciano Escif tuvo a bien simular la genitalia viril mediante una columna romana.

De hecho, el nombre «oficial» de «Pilila» no es otro que «Columna Clásica», con el que quienes obvian el discurso de su creación se dirigen a su público.

¿Y cuál es el discurso de su creación? No solo burlar el discurso de Nouvel, sino también la megalómana tendencia masculina de plantar falos allá donde se pueda. «Pilila» o «Columna Clásica» nos recuerda que lo que hace un Nouvel o un Calatrava en el s. XXI ya era lo propio hace más de 20 siglos.

Plaza del general Moragues

El general José Moragues es uno de los héroes de la Guerra de Secesión de 1714. Partidario del archiduque más por odio a lo francés que por propia convicción, a cargo de su ejército fue de los que opuso mayor resistencia al borbónico Felipe IV.

Sus hazañas al respecto le han llevado a tener numerosos homenajes en diversos rincones de Cataluña, como un monumento en su natal Sant Hilari Sacalm, un busto en Sort, otro frente a la Escola Nàutica de la plaza Pau Vila, en Barceloneta, o una plaza que recibe su nombre desde 1987 en La Sagrera.

Bien hubiese quedado el noble busto en este rincón, pero desde el consistorio, que por aquel entonces ya daba forma al proyecto «Barcelona Posa’t Guapa«, tenían otros planes para su decoración.

Dentro del mencionado proyecto, se desarrolló una campaña para dar visibilidad a artistas norteamericanos en la ciudad, y es así como llegó a manos del Ayuntamiento la obra del escultor Ellsworth Kelly, que en un principio estaba destinada a exponerse en EEUU.

Y con la aleatoriedad que da el tener en un almacén una obra e instalarla en la plaza más nueva que haya surgido, es como han acabado una representación del falo y la vagina en la plaza del honorable general.

Y no es que se parezcan, es que son. Era la propia intención de Kelly transmitir la fuerza de la genitalia masculina y femenina en su obra.

Como curiosidad, o si queréis seguir la ruta, otro de sus falos se encuentra a la entrada del parc de la Creueta del Coll, instalado por las mismas fechas con la misma aleatoriedad y criterio que su «hermano» de la Sagrera.

Salón Erótico de Barcelona

Cerramos este repaso por la Barcelona más obscena a lo grande y como merece: con una orgía.

Así de explícito podemos encontrarnos con el sexo en el Salón Erótico de Barcelona, que se celebra desde finales de los 90 en el el Pabellón Olímpico de la Vall d’Hebron y donde los shows en vivo no escasean.

Además de estas muestras públicas, el Salón Erótico de Barcelona también ofrece charlas, presentaciones de juguetes eróticos y talleres donde el «autodescubrimiento», la búsqueda del placer y la mejora de las relaciones sexo afectivas son amplias protagonistas.

La guinda a una ruta que nos muestra, aún más, una cara bien visible que, sin embargo, juega al escondite como parte de su naturaleza. Todo ello pese a ser Barcelona una ciudad ampliamente sin complejos.

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