Que Barcelona es una ciudad multicultural es algo que se nota en sus calles como un rasgo identitario más. Pero esa mezcla de culturas no solo se aprecia en el día a día, sino también a lo largo de los años, en su propia historia. Una historia en la que la presencia de musulmanes, judíos y cristianos ha sido una constante, aunque no siempre con el resultado deseado por quienes promulgamos la interculturalidad…
En esta ruta de las tres culturas hacemos repaso a la convivencia, a la impronta y, también, desavenencias de las tres civilizaciones más mayoritarias del país.
Ruta de las Tres Culturas
Una moreneta poco republicana…
La Moreneta es todo un icono de Cataluña. No hace falta ser fiel creyente para apreciar el folclore y la cultura que en torno a la Virgen de Montserrat se ha escrito y dibujado.
Es por ello por lo que una representación de esta «divinidad pop», no debería llamar demasiado la atención… y eso pretende precisamente la representación que nos encontramos en uno de los portales escultóricos de Plaza Cataluña.
Esta escultura de Eusebi Arnau en la que se representa a Joan Garí, -el monje a quien se le atribuye el descubrimiento de la Moreneta que sostiene sobre su regazo-, saluda desde la columnata dedicada a Lleida desde mediados de la década de los veinte del siglo pasado, -cuando se reformó la plaza para la Expo del 29-, pero ganó especial popularidad durante los años de la II República.
En esta etapa histórica, digamos que la religión no gozaba de especial cariño… lo cual comportó que muchas iglesias cerraran a cal y canto temiendo expolios o ser reducidas a cenizas. Este hecho dejó huérfanos de misas y rezos a miles de cristianos barcelonines.

Que la escultura de Arnau se encontrara arrinconada en la plaza, entre árboles, y sin un llamativo significado religioso, supuso su salvación y que pasara totalmente inadvertida la reproducción de la virgen a vista de las tropas republicanas (otras como la Santa Eulàlia del Padró no corrieron la misma suerte…)
Así, los más creyentes de la época, aprovechaban el paseo por la zona para santiguarse discretamente ante la Moreneta, saciando de esta forma la falta de espacios para la espiritualidad.

El Ángel que se mudó a Hostafrancs
En una discreta hornacina en la esquina del edificio del Banco de España que asoma a un callejón, encontramos el emblemático ángel que da nombre a la avenida con los precios más caros para el alquiler del territorio nacional.
Y como si ya desde el s.XIX, hubiese visto venir la crisis del alquiler y el resultado de la gentrificación salvaje de la Barcelona actual, este ángel custodio prendió sus alas y se fue a vivir a la periferia en un temprano 1857.
Entonces… ¿Qué estamos viendo arrinconado en el monumentalista edificio financiero? Se trata de una copia del ángel original, regalo de un particular, el escultor madrileño Ángel Ferrant Vázquez, que agradecido a la ciudad que lo acogió, quiso tener un detalle con Barcelona que permaneciera en el recuerdo.
Para ello, inspirado por el movimiento de la Renaixença, Ferrant indagó en el anecdotario popular y dio con la historia del ángel, que quiso devolver a su lugar original en 1955.
Esta historia no es otra que la que dicta que en una visita de San Vicente Ferrer a la Barcelona medieval, se le apareció un ángel en este mismo lugar, indicándole que estaba allí para defender la ciudad.
Necesitada la iglesia católica de adeptos, no tardaron en aprovechar lo popular de la aparición para hacerle una capilla al ángel y fomentar su devoción mediante una talla en madera allá por 1466.
Y allí permaneció el ángel junto a su puerta hasta 1854, momento en el que las murallas caen y se ve obligado a mudarse a la cercana capilla de Santa Anna, donde pasó una breve estancia de 3 años.
Llegado 1857 se produce la anexión de Hostafrancs a Barcelona, y como gesto de unión y buena voluntad, la ciudad regaló al ahora barrio, la imagen del ángel, que desde entonces encontramos en la capilla de la iglesia del Àngel Custodio del carrer Sant Roc.

La sede templaria del s.XXI
Los caballeros templarios fueron un grupo católico de inmenso poder durante la Edad Media. Fundada en 1129 durante el Concilio de Troyes, la orden del Temple se dedicaba a dar protección y ayuda a los peregrinos que viajaban a lugares santos en tiempos de afrentas árabes.
Este ir y venir custodiando bienes católicos, además de por ser grandes partícipes de las diferentes Cruzadas, permitió que los templarios amasaran grandes fortunas y, con ello, grandes estratos de poder, llegando en el punto más importante de su historia, a tener más de 30.000 caballeros en sus filas y enormes posesiones como el castillo de Ponferrada.
Todo ello, lejos de beneficiarles, con el paso de las décadas convirtió a la Orden en el centro de conspiraciones y luchas internas, hasta tal punto que en 1307 son detenidos sus dirigentes en Francia acusados falsamente de sodomía y conspiraciones contra la Corona, condenándoles en 1314 a la hoguera y pasando los templarios a ser objetivos de persecuciones.
Pese a que han pasado 7 siglos de la desaparición de la Orden, aún a día de hoy encontramos «seguidores» templarios: organizaciones que se autodenominan herederas de los templarios originales y que mantienen su espíritu vivo promoviendo sus ideales de espiritualidad, caridad y cultura cristiana, así como ritos y tradiciones medievales.
Dentro de estos seguidores, en la Iglesia de Santa Anna encontramos la «Sede de la Orden del Santo Sepulcro de Jerusalem o Templarios de Cristo»: la escisión española de esta organización y que desde aquí se dedican principalmente al voluntariado y a la ayuda de los más necesitados.
Aquí también se reúnen de forma llamativa el primer lunes de cada mes un gran número de miembros de esta Orden, portando las reconocibles vestimentas por las cuales se reconocen a los templarios, ya que esta iglesia es sede de la lugartenencia en España junto a la de Calatayud.
Jesús sin techo
Precisamente por su carácter de espacio de caridad y por acoger a los sintecho, frente a la puerta de la iglesia de Santa Anna encontramos la escultura «Homeless Jesus»: una obra contemporánea en bronce del artista Timothy Schmalz y que se encuentra en diferentes lugares del mundo donde se practica la recogida de personas sin hogar.
Existen más de 100 copias alrededor del mundo, como la existente en la Catedral de la Almudena en Madrid; en la Limosnería Apostólica del Vaticano; la Catedral de Christ Church de Irlanda; la sede del Ejército de Salvación en Belfast; en la Catedral Metropolitana de Buenos Aires; o en los terrenos de la Iglesia de San Pedro en la antigua Capernaum, Israel.
Muralla romana
El derrumbe de un bloque de viviendas del carrer de la Palla dejó al descubierto parte del lienzo de la muralla que cerraba el recinto de la Barcino romana, datada en el s. IV a.C.
Esta parada nos sirve para hablar de la impronta de otra de las culturas que han marcado «mínimamente» a la ciudad y que tienen en el uso de estas murallas un triste recuerdo en Barcelona: la musulmana.
El recuerdo de la relación musulmana con Barcelona no es del todo grato, ya que se la recuerda por un salvaje asedio por parte de las tropas del califa Almanzor, que el 1 de julio de 985 inicia un bárbaro saqueo en la ciudad, que solo pudo resistir hasta el 6 de julio.
Estos 5 días de asedio se recuerdan como sucesos apocalípticos dentro de la historia de la ciudad, ya que la ciudad fue incendiada, destruida y sus habitantes masacrados o tomados como esclavos. Según los cronistas, unos 10.000 volvieron junto a Almanzor a Córdoba para someterse a su plena voluntad, y se vivieron capítulos de terror como el lanzamiento de cabezas en vez de piedras para mermar la moral de quienes protegían murallas como las aquí expuestas.
Pese a ello, Barcelona no pasó a formar parte del Califato (como sí se integró en él durante el periodo del 718 al 801), y este asalto le sirvió al conde Borrell II como excusa para romper relaciones con los francos al no haberles proporcionado ayuda, dando lugar al inicio de los condados catalanes.

El perro azul de Sant Roc no tiene rabo
Nos situamos justo en las puertas de entrada a la ciudad romana para encontrarnos con el altar que homenajea al patrón del barrio de Ciutat Vella: Sant Roc.
Sant Roc es considerado uno de los patrones históricos de Barcelona, y con especial devoción en este barrio, principalmente por su papel como protector contra la peste durante las terribles epidemias que azotaron la ciudad en los siglos XV y XVI, ya que el santo fue conocido por tratar a los enfermos de estas enfermedades cuando nadie lo hacía, hasta el punto de llegar a contraerla. Alcanzó el nivel de santidad al contar la leyenda que fue alimentado y curado por un perro que le lamía las heridas.
Esta hornacina en principio no tiene nada de particular en comparativa con otras que se pueden encontrar en lugares de oración o protección cristianos: un santo representado según las liturgias en un lugar público para que quien quiera le presente sus respetos.
Todo bien hasta que reparamos en su simpático acompañante: el popular perro de San Roque que no tiene rabo… pero no es ésta la característica por la que este punto es toda una curiosidad, sino más bien porque este perro en concreto es azul.
¿Por qué esta coloración tan particular? Esta se debe al descuido de un vecino del barrio, Manuel Pontí, que a principios del s. XIX, cuando los habitantes de Ciutat Vella se alternaban para lucir y cuidar la imagen del santo patrón, tuvo un incidente con la figura que acabó con el pobre cánido completamente destrozado.
Dorador de profesión, el bueno de Pontí quiso arreglar el desaguisado creando él mismo la figura de un nuevo perro, preguntando a los regidores de qué color lo querían. Estos, en tono medio de enfado, medio burlón, exclamaron: «¡hombre, si te parece píntalo de color azul cielo!».
No sabemos si Pontí carecía de sentido del humor o lo tenía en exceso que acabó pintándolo de esta tonalidad… Y así permaneció hasta que en 1936 destruyeron la imagen. Posteriormente, se restituyó pero con un perro de color marrón, sin la broma – error de Pontí y con ello, sin uno de los testimonios clave de unas celebraciones centenarias… hasta que la voluntad popular quiso que en 2015 se restituyera la imagen original, con su perro como toca: de color azul cielo.

Carrer Montjuïc del Bisbe
Llegamos al punto en el que hacer referencia a la tercera civilización de esta ruta de las tres culturas: la judía. El nombre de esta calle proviene de la «montaña mágica» barcelonesa, usada por los judíos durante la Edad Media como lugar de enterramiento. El apellido «del bisbe» es un añadido que referencia a que en este lugar, se enterraban a los condenados y verdugos catedralicios, siendo por tanto «el Montjuïc de los obispos».
Pero volviendo al Montjuïc original, su nombre no es otro que el de «montaña de los judíos», ya que era esta civilización la que le daba su principal uso en los siglos del IX al XIV. Algo que a día de hoy nos podría parecer un privilegio, pero que por aquel tiempo, no era más que un desdén ante la imposibilidad de que esta comunidad realizara sus enterramientos junto a las parroquias, como aquí era el caso.
Los judíos aprovechaban esta pequeña «diáspora» para tomarla como una excursión: haciendo un uso casi exclusivo de la montaña para reuniones familiares y ceremoniales, hasta la persecución de 1391 por la cual fueron perseguidos y expulsados. Los terrenos antes ocupados por el cementerio, pasaron a manos reales y con ellas, fueron expoliadas lápidas y monumentos ceremoniales que se reciclaron como material de construcción.
La vuelta de la comunidad judía y su reconocimiento como ciudadanos de pleno durante los siglos XIX y XX, permitió que, ante los trabajos de adecuación de la montaña para la Exposición de 1929 y las Olimpiadas del 92, se respetaran de nuevo los antiguos terrenos usados como cementerio, que podemos localizar como terreno virgen entre el pabellón de tiro con arco y los jardines del mirador del Alcalde.
Pese al expolio, aún están documentadas al menos 500 sepulturas en la zona, cuyo descanso se ha conseguido asegurar tratando este suelo como santo y no urbanizable.

Plaza Sant Felip Neri
Consideradas por muchos como una de las plazas más encantadoras de la ciudad, su localización, entre callejones del corazón del Barrio Gótico, la convierte en el secreto a voces de esas aborrecibles publicaciones de «rincones mágicos de Barcelona».
Este encanto no casa con la trágica historia que envuelve a esta plaza, tristemente famosa por el bombardeo de las tropas fascistas durante la Guerra Civil, en 1938, en el que fallecieron 42 personas, entre ellas, multitud de niños refugiados en la iglesia.
Durante años, la dictadura franquista promulgó el relato de que las marcas de metralla aún visibles en la iglesia, eran debidas a los fusilamientos que los republicanos realizaron a los eclesiásticos del templo, aventurándose a reconstruir la plaza tan pronto como pudieron para borrar el recuerdo de la tragedia que ellos mismos provocaron.
Esta misión corrió a cargo de Adolf Florensa: el urbanista del «falso» Barrio Gótico barcelonés, que quiso recrear una plaza antigua trayéndose para ello edificios medievales que «estorbaron» para la creación de la Vía Laietana (gremi de Sabaters, arc de Fillateres) o la apertura de la avinguda de la Catedral (gremi de Calders). Reforma que culminó con la fuente que el arquitecto Joaquim de Ros i de Ramis (quien creara entre otras obras, el museo teatro Dalí de Figueras), de 1962.
Esta fuente nos sirve para evocar la importancia que el agua tiene en las construcciones árabes. Pese a que tal como hemos visto, el legado musulmán en la ciudad es escaso y no ligado a un buen recuerdo, sí que permanece en edificaciones contemporáneas donde se ha querido recuperar el aire romántico y evocador de los palacios orientales.
Lo apreciamos dispersos a lo largo de Barcelona, como el edificio Alhambra, la Torre Marsans, la Casa Pere Llibre, las escaleras del Generalife en los Jardines Laribal, o la torre Castanyer.










Baixada de Santa Eulàlia
La patrona por méritos propios de la ciudad, Santa Eulàlia, se ganó el título entre otros 13 martirios por el que aquí se produjo, el noveno de ellos, y mediante el cual este pequeño altar lo recuerda.
Este tormento, -causado por negar la devoción y el cristianismo al emperador Daciano-, consistió en colocarla desnuda dentro de un tonel lleno de cristales, clavos y otros objetos punzantes, siendo lanzada en trece ocasiones por una calle en bajada.
Pues bien, esa calle no es otra que esta Baixada de Santa Eulàlia, cuya memoria se perpetua con este retablo en el que también aparece un azulejo con los versos que Cinto Verdaguer dedicó a la santa:
Veyent acostar les flames / també reculà Dacià; / la tanca dins una tina / que té sagetes per claus, / tota encerclada de glavis / y ganivets de dos talls. // Baxada de Santa Eularia, / tu la veres rodolar / d’un abisme a l’altre abisme / per aquells rostos avall, / dexant per rastre en les herbes / un bell rosari de sanch.


Centre d’interpretació del Call jueu
La hoy placeta de Manuel Ribé fue en su tiempo el epicentro del call jueu.
La denominación «call» viene del hebreo «kahal», que podemos traducir como «creyentes», siendo así designado en Cataluña el espacio que se destinaba intramurallas para la comunidad judía durante los siglos IX y XIV. Y para poder perpetuar la rica historia que este rincón de la ciudad atesora, el MUHBA abrió en marzo de 2015 este centro de interpretación, en la que era la casa de Jucef Bonhiac, tejedor de velos que la ocupó entre el siglo XIII y XIV.
Aquí se explican la topografía y la historia del barrio judío mediante restos arqueológicos como por ejemplo objetos de uso cotidiano, lápidas provenientes del cementerio de Montjuic o fragmentos de columnas de los Banys Nous, derrocados el 1834.
También se destaca la contribución cultural judía en Barcelona, con personalidades como Abraham bar Hiyya (uno de los más notables representantes de la ciencia en el mundo hebreo medieval), Hasday Cresques (filósofo, jurista y escritor) o Salomó ben Adret.

Carrer Salomó ben Adret
A éste último precisamente se le dedicó la antigua calle de Sant Domènec del Call. Honor recibido en 2015 y que tiene mucho más significado que el de dar visibilidad a uno de los más insignes prohombres judío.
Ben Adret es conocido como el más ilustre de los rabinos de Barcelona. Como líder judío, sirvió para poner al servicio de la comunidad, sus notables contactos con la Corona, a la que servía también como notable jurista.
Estos logros ya son valedores de la calle que atraviesa la antigua Aljama, pero más significativo es que «borre» el de la anterior denominación, que lejos de hacer honor a Santo Domingo, lo hace al denominado como «Pogromo de 1391».
Este Pogromo, -de Santo Domingo por producirse en el día del santo, el 5 de agosto-, no es otra cosa que la masacre judía que se llevó a cabo por toda Europa a finales del s.XIV, por un movimiento antisemita que pretendía restar poder a los judíos culpándolos de las frecuentes plagas de peste que asolaban el continente.
Así, aquel 5 de agosto de 1391, el 15% de la población barcelonesa fue amasacrada u obligada a la conversión cristiana, quedando desde entonces borrada hasta siglos después, la cultura judía de la cotidianeidad barcelonesa.

Lápida hebrea
Al comienzo del carrer Marlet, entre casas de aires puramente medievales, nos encontramos incrustada en la pared nada más y nada menos que una lápida con inscripciones en hebreo.
Esta lápida fue descubierta en 1820 y hace referencia a un hospital fundado en el siglo XIII por el rabino Samuel Hassardí. Bajo ella, se colocó en el año 1826 una traducción en piedra y que hace referencia a la donación realizada por Hassardí: un rico comerciante nacido a finales del siglo XII y fallecido a mediados del XIII.
No obstante, la traducción que luce grabada es incorrecta. Lo que viene a decir realmente es: Fundación pia de Samuel Ha-Sardí; su luz luce permanentemente. Año 692.
Tampoco es original la lápida que apreciamos, encontrándose la verdadera en el Museo de Historia de la Ciudad. La que se puede contemplar es una reproducción colocada en 1981.

Sinagoga Mayor
Justo junto a la lápida encontramos los restos, ya rehabilitados de la que fue la Sinagoga Mayor de Barcelona.
Descubierta casualmente a finales de los años noventa del siglo XX a causa de unas obras, se trata de una de las cinco que llegó a tener la ciudad. También considerada entre las más antiguas de Europa.
La sinagoga original data de 212, cuando el emperador romano Caracalla accedió a la construcción de un lugar de culto para los ciudadanos judíos en la Barcino romana. La sinagoga estuvo activa hasta el saqueo del Call (1391) y posteriormente tuvo varios usos, entre ellos el de tintorería como demuestran los restos de tinajas encontrados.
Como curiosidad, en el dintel de la puerta aún se puede apreciar el típico hueco colocado en las casas judías para la Mezuzah: el pergamino que contiene versos de la Torah para proteger las viviendas.

Casa Astruc Adret
Esta vivienda esquinera entre el carrer de la Fruita y el carrer Solomó Ben Adret no es nada más y nada menos que la casa más antigua de Barcelona que resiste en pie.
Datada en el s.XII, su último propietario judío va a ser Astruc Adret, quien le da nombre, que decidió convertirse al cristianismo durante el Pogromo de 1391.
Curiosamente pese a su valor patrimonial, durante la posguerra, se usó como un popular burdel.

Jamonería Enrique Tomás
¿Qué tiene que ver una cadena de locales del s.XXI con tradiciones religiosas medievales? Realmente, para lo que nos sirve este «fast food patrio» es para relatar el por qué de la extraña, pero asumida, tradición de colgar los jamones de las barras de los bares con más solera.
Esto se debe a una costumbre que, por beneficiar a que el jamón cure mejor, esté aireado y permita que el exceso de grasa se acumule en la chorrera o paraguas (esa punta de plástico que se coloca en la terminación del jamón), se ha mantenido a lo largo del tiempo, pero que realmente tiene su origen precisamente en ese Pogromo de 1391, perpetuado posteriormente por la Santa Inquisición.
Y es que a los judíos conversos que permanecieron en el país, se les comenzó a llamar «marranos» precisamente porque, la forma que tenían de hacer creer a las autoridades cristianas que habían abandonado la práctica del judaísmo no era otra que la de demostrar constantemente que allí se comía cerdo y que, por tanto, allí no vivía un judío.
Para ello, freían con manteca de cerdo en vez de aceite (impregnando los alrededores de ese olor graso que les valió el sobrenombre) y colocaban en un lugar bien visible de la cocina o los espacios comunes, la pata del cerdo, tal como vemos aún hoy en día en los bares más clásicos.
Rostro subsahariano en el Palau
Dirigiéndonos hacia el carrer del Bisbe, en la fachada que da a esta misma calle del Palau de la Generalitat, nos encontramos con una curiosa galería de rostros bajo las gárgolas.
Estos rostros representan a gran parte de la sociedad civil que habitaba la Barcelona de 1540, que es la fecha en la que se realizó la ampliación del Palau que supuso el cerramiento del ahora patio dels Tarongers, y como representativo de los esclavos provenientes de África, los maestros de obra Tomàs Barsa y Antoni Carbonell tuvieron a bien tallar el rostro, bastante caricaturesco, de un subsahariano.
Se cree que es la primera representación pública de esta población en Barcelona, realizada en un momento en el que suponían el 10% de habitantes de la ciudad.

Catedral de Santa Eulàlia
En una ruta de las tres culturas, el máximo templo de la cristiandad no podía quedarse fuera… y en el caso de Barcelona hablamos de la Catedral de Santa Eulàlia i la Santa Creu.
Catedral que curiosamente ha pasado por cuatro estilos arquitectónicos diferentes a lo largo de sus más de 1400 años de historia. Sus inicios datan de tiempos precisamente de la santa a la que se adscribió siglos después, concretamente del s. IV.
Aquella primitiva basílica paleocristiana, malograda con los asaltos de Almanzor, sobrevivió hasta el año 1046, cuando el conde Ramon Berenguer mandó construir la catedral románica, consagrada en 1058.
Del románico se pasó al gótico, estilo iniciado en 1298 bajo el reinado de Jaime II y el pontificado del obispo Bernat Pelegrí. Este tercer cambio de estilo arquitectónico se alargó durante los siglos XIV y XV.
Por último, el barroco le llegó tardío, ya a finales del s.XIX y comienzos del XX, gracias a que el magnate Manuel Girona financió las terminaciones que hoy le dan su perfil característico: el cimborrio central, las dos torres y la fachada principal.
Curiosamente, no es a Santa Eulàlia a quien encontramos coronándola.. sino a la representante de la otra adjudicación: Santa Elena.
Se trata de una escultura de 1910 realizada por Eduard Batiste Alentorn, coronando el punto más alto del cimborrio de la Catedral de Barcelona a 70 metros de altura. Representa a la madre del emperador Constantino, reconocida por hallar la Veracruz. Fue colocada debido a la devoción de la familia Girona, mecenas de la fachada, y por la dedicación del templo a la Santa Cruz.

Sede de la Santa Inquisición
Lo que hoy es el Museu Frederic Marès, fue durante los siglos XV y XVI la sede del Tribunal del Santo Oficio, más conocida como la Santa Inquisición, dentro de lo que era por aquel entonces, las dependencias del Palau Reial Major.
Aún podemos apreciar el escudo de esta orden justo junto a la puerta de entrada al museo, en la plaça de Sant Iu. El escudo muestra los tres símbolos clásicos del Santo Oficio:
- La cruz, símbolo cristiano por excelencia.
- La rama de olivo, símbolo de la misericordia.
- La espada, símbolo del castigo.
Una institución que fue tremendamente temida, sobre todo por los judíos no conversos que fueron especialmente perseguidos por ello, pero que sin embargo, una vez eras encarcelado en la Barcelona medieval, preferías que te retuvieran en una de sus dependencias, ya que las 12 celdas destinadas para ello en el Palau Reial Major, eran de mejores condiciones que las dispuestas en otros espacios carcelarios.
Lápida con inscripciones hebreas en la plaça del Rei
En Ciutat Vella, fuera del call encontramos otra lápida hebrea, pero esta vez con menos intencionalidad de rendir homenaje…
Se trata de una de las lápidas expoliadas tras el Pogromo de 1391, mediante el cual se dictó que las propiedades judías pasaban a manos reales… entre ellas el cementerio de Montjuïc.
Así, muchas de sus lápidas fueron «recicladas» para levantar o reformar edificios que, como el caso del Palau de Lloctinent de 1549, necesitaban de la piedra de la montaña, tal como podemos ver en los bajos de su fachada de levante, que asoma a la plaça del Rei donde tantos judíos fueron ajusticiados.

El Ángel acusador
El de Portal de l’Àngel no es la única representación angelical del centro de la ciudad. En la plaza también dedicada a una de estas figuras celestiales, nos encontramos en una hornacina dentro de la primera planta de la casa Calicó, al arcángel Sant Miquel, con cara de pocos amigos…
Esta expresión de furia y el gesto con el que señala con su dedo índice un lugar, se debe a que esta escultura recuerda la leyenda del milagro de Santa Eulàlia, datado en 1339.
Ese año, se trasladaba el cuerpo de Santa Eulàlia de Santa María del Mar a la capilla construida en la Catedral expresamente para su adoración. Para ello, se decidió organizar una procesión donde todo el pueblo de Barcelona pudo ver desfilar a la santa.
Todo iba acorde a lo organizado cuando, al paso por el lugar donde señala el ángel de piedra (baixada de la Llibretería) el cuerpo de la santa pasó a pesar toneladas impidiendo el traslado. Por mucho que lo intentaban, los porteadores no eran capaces de dar ni un solo paso.
Ante la estampa, y viendo que el hecho procedía de una intervención divina, los allí presentes se arrodillaron a la espera de cualquier otro acto que les permitiera seguir con el traslado. Al poco, Sant Miquel se apareció y señaló con el dedo a uno de los canónigos allí presentes…
Ante la evidencia, el religioso confesó aprovechar que uno de los dedos del pie de Santa Eulàlia se desprendió, para quedárselo como reliquia. Una vez lo repuso, el traslado pudo continuar.

¿Vive la verdadera Moreneta en Sant Just i Pastor?
Y llegamos a la plaza de Sant Just, relevante dentro de la cristiandad barcelonesa por encontrarse aquí la iglesia dedicada a este santo y a su hermano gemelo, Pastor, que en un truco de ingenio marketiniano eclesiástico, se convirtieron en los Castor y Polux cristianos.
Y a todo ello está simbolizada la iglesia, -la más antigua de la ciudad datando sus orígenes en el siglo IV-, con una representación de la constelación de Géminis en el techo a través de las claves que unen los nervios de las bóvedas.


No es esta la única de las curiosidades que encontramos aquí: la mayor de ellas tiene que ver con el que es uno de los más renombrados símbolos de la Cataluña tanto cristiana, como no cristiana, y que ya ha sido protagonista en la primera parada de esta ruta de las tres culturas.
Hablamos de “la Moreneta”, cuya representación en el tímpano de la entrada y su reproducción en el interior, está más que justificada.
Y es que a Sant Just i Pastor fue a parar la auténtica virgen de Montserrat en su periplo por evitar las llamas republicanas allá por el 1931. Así lo asegura un documento de cesión firmado por el propio monasterio y que permanece en la sacristía de Sant Just.
¿Acaba aquí una de las curiosidades de Ciutat Vella más históricas? Obviamente no. Lo que hace extraña a esta reproducción de la Montserrat es que se sospecha que de copia tiene poco… pudiendo estar ante la genuina y original moreneta.
¿A qué se deben estas conjeturas? Básicamente a que, cuando a principios del nuevo siglo, se tomó la figura original para una rehabilitación, se reparó que ésta carecía de un agujero que la original tenía documentada en su parte trasera para la colocación de lirios a modo de ofrenda. Un agujero del que carecían todas las copias documentadas… ¿a excepción de cual? Efectivamente la de Just i Pastor, que sí cuenta con esta cavidad.

Escultura del inamovible arcángel San Rafael
El retranqueo del edificio del Ayuntamiento del carrer de la Ciutat no es más que el legado de la que fuera la entrada principal de la Casa Consistorial cuando era sede del Consell de Cent, y desde entonces, allí impasible, permanece la estatua del arcángel San Rafael… no porque allí luzca mejor que en ningún otro lado, sino porque es condición «sine qua non» que allí permanezca por los siglos de los siglos.
La procedencia de esta escultura gótica es incierta: solo se conoce de ella que proviene de una donación realizada en el año 1400, y que fue cedida al Consell de Cent con tres condiciones:
- Mantener el anonimato del donante
- Que se exponga al aire libre
- Que jamás se mueva de lugar
Desde entonces, 6 siglos lleva presenciando San Rafael, el ir y venir de la ciudad, sin ceder ni un solo palmo su espacio… todo ello a pesar que en el s.XIX, cuando se reformó la Casa de la Ciudad para convertirla en el edificio neoclásico con entrada por la plaza de Sant Jaume que podemos apreciar a día de hoy, su entrada gótica y, con ella, el arcángel se vieron amenazados. Pero la movilización ciudadana hizo pesar el compromiso adquirido por el donante y la antigua fachada se salvó.
Es por esta razón por la que, de forma algo chapucera, podemos ver como el arco de esta entrada, otrora la principal del edificio, se encuentra torcido en su lateral derecho, para que el arcángel siguiera encontrando acomodo.

Carrer Ataulf
Esta calle vuelve a traernos de vuelta historias de los templarios en Barcelona, pero lo primero en lo que debemos reparar dentro de esta ruta de las tres culturas es a quién está dedicada: al rey visigodo Ataulfo, cuya mujer, Gala Placidia, es una de las más relevantes figuras femeninas de la historia.
Una figura femenina que la historia silenció, o quiso silenciar… incluso cuando dio nombre en 1940 a esa plaza hoy conocida por ser el intercambiador de Gràcia… buscando la dictadura franquista un nombre aséptico, que no diera lugar a posicionamientos políticos.
Pues el nombre elegido no fue otro que el de la mujer que pudo cambiar el devenir de la historia uniendo bajo un mismo reinado el Imperio Romano y el Visigodo.
Hija de Teodosio el Grande (último emperador de Roma), y nieta de Valentiniano el Grande (también emperador, encargado de la partición del Imperio en oriental y occidental), Gala hubiese pasado a la historia si no fuese porque en Roma las mujeres marcaban la línea dinástica, pero no la ejercían.
No obstante, el pertenecer a tan noble y disputado linaje le valió para llamar la atención de posibles usurpadores del trono, tal como era propio en las jefaturas godas. Es ahí donde entra el bueno de Ataulfo, que la tomó por esposa tras ser raptada por su padre Alarico.
Esta estirpe germánica reinaba por entonces en estas tierras, las primeras (y últimas) por entonces que convertían a Barcelona (entonces aún Barcino) en capital de un reino, lo cual convertía a Gala en consorte y, por tanto, reina de la Hispania Visigótica.
Que no tengamos a Gala como referente de una Barcelona capitalina es debido a que solo le duró el título de reina un año, dado que los godos no gobernaban por descendencia, sino por aspiraciones al trono, lo cual facultaba conspiraciones y asesinatos por apear a quien lo sustentaba.
No obstante, al poco de enviudar, su hermano Honorio, emperador de Occidente, le concertó una boda con su general de confianza, Flavio Constancio. La muerte prematura de Honorio, sin descendencia, permitió a Gala alzarse como emperatriz, ya que ella sí había tenido un hijo, Valentino y, por tanto, un valedor al trono.
Poco después su hijo no solo perdería el trono, sino todo el Imperio de Occidente al no ser capaz de defender su posición ante los pueblos bárbaros.

Capilla de Santa María de Palau
Si la iglesia de Santa Anna es la sede actual de los seguidores de la Orden del Temple, en Santa María de Palau encontramos la original, la que durante un siglo acogió a los templarios medievales.
Esta capilla fue mandada a construir el año 1246, dentro de los terrenos denominados como Palau Reial Menor, no por su tamaño y valor (superior al Mayor de la Plaça del Rei), sino por ser segunda residencia de la dinastía una vez pasó a manos de ésta con la disolución de la orden templaria.
Sus orígenes se remontan a una donación particular a la orden del Temple, proveniente del noble Ramón Massanet en el s.XII en los terrenos que rodeaban al extinto castillo del Regomir, que aprovechaba las murallas romanas destruidas por Almanzor para servir de fortaleza urbana.
Estos terrenos, aunque eclesiásticos, fueron testigos de los excesos que finalmente le costaron perder el favor real a la Orden del Temple, contando el castillo con exóticos jardines y ostentosas galerías.

Puerta templaria
En el cercano carrer del Timó, justo al fondo de este estrecho callejón, encontramos la que resultaba ser la puerta situada en la muralla del Regomir que permitía a los templarios entrar y salir de la ciudad a su antojo, de forma secreta, siendo éste uno de los tantos privilegios de los que pudieron disfrutar antes de que las diferentes conspiraciones en su contra, acabaran con su poder.
Por esta estrecha puerta, por aquel entonces incrustada en la muralla que servía de frontera entre el Palau Reial Menor y los jardines exteriores, podían salvar los toques de queda que se imponían en las puertas amuralladas de Portal de l’Àngel, Portaferrissa u otras tantas.

Escultura de la Mercè
Terminamos la ruta rendiendo pleitesía a la actual copatrona de la ciudad, y mucho más reconocida por ello por sus notables fiestas: la Mercé.
Desde su basílica asoma una gigantesca estatua de la copatrona totalmente desproporcionada, en cuanto sus 7 metros de altura compiten con los mismos que mide su cúpula.
Esta megaescultura no es la original, que databa de 1888, y acabó sirviendo su bronce para realizar munición durante la Guerra Civil. En 1959 fue repuesta mucho más grande e imponente, gracias al bronce obtenido de la fundición de esculturas que decoraban el Salón de San Juan (hoy Passeig Lluís Companys). Esculturas no elegidas al azar, ya que representaban a hitos catalanes como Guifré el Pilós o Ramón Berenguer.
Curiosamente, esta escultura participó del programa de adecuaciones olímpicas que se realizó en la ciudad con motivo de las Olimpiadas, el conocido como «Barcelona Posa’t Guapa«, siendo su restauración y limpieza patrocinada por la conocida marca de champagne Moët & Chandon.


