La tercera de las colaboraciones de Becinadas con la cadena de hamburgueserías barcelonesa por excelencia, tiene como protagonista al Timesburg Les Corts, y como no podía ser de otra forma para protagonizar la historia de este barrio, el elegido no es otro que el Pau Farinetes.

Timesburg Les Corts: Pau Farinetes icono de barrio
Arnau calla cuando le hablan del futuro
No sabe a qué lo dedicará.
Sus amigos ya deciden si Politécnica o UB.
Él, ni idea de hacia dónde tirar.
Su padre, Jaume, nota su incertidumbre.
Una tarde lo invita a caminar.
Padre e hijo recorren Concordia, Can Déu…
Llegan a la plaza Comas.
Frente a la sede del distrito, Jaume pregunta a su hijo:
– ¿Sabes quién es?
– Sí claro… Pau Farinetes.
– ¿Y qué hace aquí?
– Mmmmm no sé.
– A veces, no importan las grandes cosas,
sino vivirlas con cariño y que por ello te recuerden.

El microrrelato para el Timesburg Les Corts planteó una duda, ¿debemos caer en el cliché de relacionar el barrio con su más ilustre residente, el Camp Nou? Al fin y al cabo, la relación del recién remodelado estadio y, por extensión, toda la institución que supone el FC Barcelona, con el distrito es más que patente en noticiarios, periódicos deportivos y todo medio que hable del Barça.
No es para menos, llevan vinculados al barrio desde 1922. Primero desde el viejo campo de Les Corts, -travessera esquina Numància donde hoy luce el Bloc Les Corts y el pino del Barça, muy cerca del Timesburg Les Corts-; y por último hasta hoy en el Camp Nou, donde se mudaron en 1957.
Pero hablar del Barça no es hablar de lo local: el equipo de los 28 títulos ligueros tiene tal proyección internacional que no tiene sentido querer vincularlo estrictamente a un radio de apenas 6 kilómetros… Pero sí que un probable seguidor podría tener cabida…
Y ahí aparece la figura del Pau Farinetes: un vecino de los de pura cepa, de los de Les Corts como villa y no como barrio.
Este Pau, de nombre real Pau Piera Piera, habitaba en la masía de Can Farinetes, ubicada en la calle Joaquim Molins, detrás del Ayuntamiento del pueblo (hoy sede del distrito). Y desde allí se le rinde homenaje con toda una señora escultura de metro noventa y de 300 kilos de peso.
¿La razón para tal homenaje? Simplemente caer bien. El bueno de Pau Farinetes era payés, como tantos otros del Les Corts rural de finales del s.XIX, y de los implicados en la vida del por entonces pueblo.
Les Corts proviene del término «cohortis», que significa masías, siendo éstas numerosas cuando este territorio era la zona de cultivo de Sarrià, municipio del que se independizó en 1836.
Era fácil ver al Pau, barretina a la cabeza y copa de vino en mano, paseando por la villa y participando de sus tradiciones. Tanto, que al momento de su muerte, no solo le lloró el ya barrio, sino que le homenajeó realizándole una escultura en barro que se colocó frente a su masía.
Una escultura humilde, como el personaje, pero significativa de que cualquiera de las gentes de Les Corts, son dignas de homenaje.
Y así se constató nuevamente en 1989, cuando dentro del programa de participación ciudadana «Faci vostè d’alcalde«, se eligió la escultura como iconografía relevante del barrio para colocarse en su plaza principal (con permiso de la de la Concòrdia), fundiéndose en bronce y perpetuando el buen recuerdo que el barrio tiene del Pau Farinetes simplemente por ser humilde y sencillo, como pretende Jaume que aspire su hijo a ser más allá de los títulos que consiga, tal como se apreciaba mejor en la historia original:

Arnau es un joven aparentemente normal: le gusta ir con sus amigos al Camp Nou, va sacándose el bachillerato sin problemas, tiene inquietudes culturales… Sin embargo, cuando le preguntas por el futuro frunce el ceño enérgicamente. ¿La razón? Tiene talento, pero no decisión.
A solo un año de tener que elegir si será médico, abogado o periodista, no tiene absolutamente nada claro por donde tirar. El clásico dilema de si guiarse por lo que más le guste, o intentarse labrar un porvenir que le asegure, cuanto menos, poderse hipotecar.
El joven vive esta dicotomía en silencio mientras sus amigos ya planean si Politécnica o UB, y huye nerviosamente cada vez que sus padres le sacan el tema. Si a algo le tiene pánico Arnau en estos momentos es a defraudar a sus padres o que no entiendan su decisión.
Jaume, el padre de Arnau, comienza a notar esa incomodidad a la pregunta, por lo que decidido le invitó a dar una vuelta padre-hijo por el barrio. Un plan que en su cabeza sonaba a maestro, pero en la de Arnau a trampa mortal.
Padre e hijo recorrieron rincones que bien conocían pero que juntos no recorrían desde hacía años: cuando Arnau jugaba a la pelota con 8 años en la plaza de la Concordia para disgusto de quienes salían de misa, recordando las mañanas de sábado en Can Deu… hasta terminar en la plaza Comas.
Frente a la sede del distrito, Jaume le hizo la siguiente pregunta a Arnau:
-¿Sabes quién es este hombre?
-Si claro… el Pau Farinetes
-¿Y qué hizo?
-Mmmmm no sé
-A veces hijo, no importa hacer grandes cosas en la vida, sino el cariño con la que la vivas, la compartas y que por ello te recuerden.

