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Historias desconocidas de Barcelona

Barrios de Barcelona: ¿de dónde vienen sus nombres?

Muchos de los barrios de Barcelona y sus distritos tienen un nombre “lógico” o de procedencia conocida, normalmente por su fisionomía (Eixample); historia (Ciutat Vella, Raval) o vínculo a un edificio religioso, civil o militar (Sants, Gràcia, Sant Andreu…) pero, ¿de dónde provienen denominaciones como “Prat Vermell”, “Camp de l’Arpa” o “Vall d’Hebrón?”.

Nos hemos acostumbrado a su uso en el día a día o hemos intentado aplicar lógicas de la cultura popular que les rodea para acertar su denominación, pero hay barrios de Barcelona cuyo nombre, si nos paramos en ellos, resultan toda una curiosidad no siempre fácil de adivinar.

A continuación daremos repaso a las denominaciones más curiosas de los barrios de Barcelona. Por ello no esperéis encontrar aquí un Eixample o un Gòtic, pero sí denominaciones provenientes de enterramientos sagrados, guetos del país vecino o recuerdos de viejos fanguizales.

La denominación de 12 barrios de Barcelona con procedencia curiosa

La Marina del Prat Vermell

Denominar “Marina” a, precisamente, uno de los barrios que más complicado tiene de Barcelona el acceso a sus playas ya de por sí resulta curioso, pero más aún es que se le añada el apellido “del Prat Vermell”.

Esta conjunción viene de los orígenes de uno de los asentamientos más antiguos de la ciudad, un poblado íbero datado entre los siglos VII y VI a.C, y la tradición de los indianos por hacer de estas tierras lugares de producción artesanal en el s. XIX.

Así, lo que hoy es una selva de hormigón y cemento al ser el único terreno que le queda a la ciudad para su crecimiento demográfico, era hace varios siglos una amplia salida al mar, donde los primeros pobladores de la ciudad (y península), los íberos, decidieron situarse (en la zona hoy denominada Morrot y la falda de la montaña de Montjuïc que da al carrer Mare de Déu de Port), debido a su estratégica situación.

Esta situación provocó que los primigenios puertos de Barcelona se situaran en lo que hoy es la parte baja del cementerio y Can Tunis, siendo por tanto esta zona, la primera Marina de Barcelona.

En cuanto al Prat Vermell, el progresivo retroceso de las aguas permitió que en torno a Montjuïc y el Llobregat, surgieran enormes extensiones de terreno que se aprovecharon para las cosechas de secano, que se convirtieron en de regadío cuando, en 1819, se inauguró el canal de la Infanta provenientes de la riera blanca y Magòria. 

Con la prohibición de 1846 del Ayuntamiento, de instalarse fábricas en el interior de la ciudad, la riqueza de aguas y terreno de la Marina produjo que numerosos indianos construyeran sus fábricas en la zona, siendo la mayoría empresas tintoreras donde se preparaban las telas provenientes de América para su venta.

Esta fabricación concreta requerían numerosos recursos hídricos para el lavado y preparación de las telas, y grandes espacios al aire libre para su posterior secado. Es por esta particularidad por lo que, frecuentemente, los prados de La Marina, se cubrían por completo de telas indianas, que en su mayoría, eran de coloración roja.

De ahí que, a vista de Montjuïc, esta fuera La Marina del Prat Vermell, nombre que ha sobrevivido hasta el día de hoy y que la distingue de La Marina del Port, donde se encontraba el primigenio de Barcelona.

El Clot

Este es un buen ejemplo de que los catalanismos trabajan bien a la hora de denominar ciertos espacios. No es lo mismo nombrar al barrio obrero que vio nacer a Loquillo como El Clot, que como un castellanizado “El Hoyo”.

En cualquier caso, hablamos de una denominación a medias, que se ha ido asentando en el tiempo sin su apellido de denominación oficial, que no es otro que “el Clot de la Mel”.

Ambas toponimias, “Clot” y “Mel”, resultan extrañamente atribuibles a día de hoy a este barrio de Sant Martí con personalidad propia, -pero donde ni encontramos desniveles profundos, ni el néctar de las flores-, pero sí tenían todo su sentido en el medievo, época donde comenzó su historia.

Así, su nombre medieval no era otro que el de Clotus Melis (Hoyo de la miel): Melis por la producción de este manjar, señalado en la época como de gran calidad y muy común en la zona, y el Clotus con el que finalmente se abrevió por la palabra cros, que significa fondo, haciendo referencia a tierras de labranza que se realizaban en hondonadas que sí eran frecuentes en la época. 

La Clota

 Y del Clot a la Clota. Si curiosa es la denominación de Clot, más lo es su feminización situada más al nordeste, dentro de la prolífica Horta.

El que es “oficialmente” el barrio más pequeño de la ciudad (en cuanto a demarcación territorial expresa de los barrios de Barcelona), comparte origen de toponímia con el de Sant Martí por similares razones, ya que era la característica de unos terrenos hondonados muy apreciados para el cultivo, la causa de la denominación.

La razón por la que este terreno resultaba tan atractivo para el cultivo ya en el temprano s.XIII, no era otra que el situarse en un llano entre montañas al que le atravesaban dos rieras: la riera de Horta y la riera de Sant Genís. Esta abundancia de agua y lo amable de la orografía convertían a La Clota en un lugar privilegiado para huertas, función que se fue conservando durante siglos.

Por tanto, es esa orografía de “hondonada” entre montañas, por la cual La Clota se llama así incluso a día de hoy, cuando ya es difícil apreciar esta característica.

Barrio de La Clota, en Barcelona

La Llacuna

Volvemos a Sant Martí para situarnos en el corazón de Poblenou. Allí, entre el eje Glòries – Ciutadella que no corresponde al Eixample pero sí continúa su fisionomía, se ha desarrollado desde el s.XIX gran parte de la industria barcelonesa que ha tenido continuidad en el s. XXI con el popular plan 22@. Uno de los barrios de Barcelona de nombre más evocadores pero traicioneros, ya que esa imagen idílica de humedal en plena urbe nunca se dio por estos lares.

El nombre de La Llacuna proviene de que, en efecto, en estos lugares se encontraba un vasto territorio de agua en forma de laguna, pero lo que hoy sería el placer de un auténtico pixapins, no era más que un lodazal infestado de escorpiones, víboras y alimañas por el que mejor no adentrarse.

Esta característica de lugar tétrico, fue utilizado para sus intereses por parte de la Inquisición, que para cuando se le quedaba chica la plaza del Rei para sus quemas de infieles, se venían aquí y ya de camino abandonaban sus cuerpos.

Por si inquisitorial y nido de veneno (desde aquí venían en busca de la “pedra escurçonera” al carrer Estruc los pobres que sufrían picaduras), no eran suficientes características infernales para el lugar, que ya algún cadáver flotase por la zona se hizo servir para que, fallecido que no cupiera en los atestados cementerios parroquiales, acabaran aquí enterrados. Esta es la razón del origen del cementerio de Poblenou: el primero de la ciudad.

No obstante, pese a toda esta carga negativa,  la Llacuna es una denominación ya “romantizada” en torno al s. XIX: momento en el que la riqueza de aguas atrajo a la industria que convertiría el lugar en el motor económico de la zona (y el manido sobrenombre del “Manchester catalán”). Para entonces ya se puso en práctica la contemporánea técnica de “rebranding” para pasar de “El Canyet” (nombre original del lugar) a “La Llacuna”.

Camp de l’Arpa

Uno de los barrios de Barcelona más enigmáticos no solo por el nombre, sino por su propio carácter, es Camp de L’Arpa.

Este rincón del último Sant Martí no fue Eixample porque así lo quisieron sus propios habitantes. Así, al tocar sus fronteras, las tradicionales calles del Eixample como Còrsega, Roselló o Provença, se interrumpen a favor de un trazado más medieval que ha permitido que se conserven pasajes como el de Trinxant. Pistó o Sospir.

Esto sumado a que la Meridiana lo separa del Clot y el resto de Sant Martí, hace que la encantadora calle Rogent no se sienta ni de una Barcelona, ni de la otra, ajena por decisión propia.

Decisión que, académicamente, no se llevaría a cabo respecto a su denominación, ya que no estamos ante la literalidad que sí se ha dado en otros barrios de Barcelona como los mencionados hasta ahora, sino a cierta deformación lingüística.

El origen viene de la ad ipsa archa: dólmenes que se usaban como marcación de enterramientos y que, en concreto uno usado también como límite territorial, se menciona ya desde el año 1037, donde aparece en documentos pertenecientes a la Cartuja de Sant Cugat.

La procedencia de esta arca la hermana con el monasterio de Pedralbes, donde aún a día de hoy encontramos un menhir cuya colocación responde a similares características.

De esta forma, el denominado como campo de la arca, ha ido deformándose con el tiempo hasta llegar a nuestros días como Camp de L’Arpa.

Pedralbes

Y del menhir de Camp de l’Arpa hacia otro de los barrios de Barcelona que acabamos de mencionar: Pedralbes.

El barrio encargado de que la media de renta de Les Corts convierta a este distrito en uno de los de mayor poder adquisitivo de la ciudad (para disgusto de sarriençs y sarriencas, que protestaron activamente porque en 1984 el Plan de Ordenación del Territorio que dio forma a los 10 distritos de Barcelona, hiciera caer del lado de Les Corts este vasto y rico territorio), tiene unos orígenes mucho más humildes de los que se le podría presuponer al territorio donde se encuentra una renta per cápita media de 34.522 euros.

La primera mención que se hace al ahora barrio, es de 986, donde un cortijo de la zona se hace denominar como Petras Albas (piedras blancas) debido a la proliferación de montañas de esta coloración.

El carácter primigenio de este cortijo lo convirtió también en pieza bautismal, deformándose el Petras Albas por el actual Pedralbes: nombre que se encargó de perpetuar el monasterio que, desde 1327, hace que no se perdiera la mención al granito como origen de su nomenclatura.

Del cortijo medieval no se conserva nada, pero sí los restos de una cantera, de las últimas que se explotaron. Situada entre la avenida de la Mare de Déu de Lorda y el carrer de Panamà, encontramos debidamente señalado los restos de la Pedrera Pedras Albas: piedras fundacionales del ahora barrio.

Piedras que han estado en activo hasta hace poco más de 1920, momento en el que se clausuró. Estas piedras, cuyo dueño no era otro por aquel entonces que Eusebi Guell, -a la postre promotor de que en la zona se urbanizara de forma lujosa y exclusiva-, la podemos pisar en gran parte de la ciudad, ya que sus últimos usos fueron como adoquinado de aceras. 

Les Corts

Mucho más noble nos podría parecer la procedencia del nombre de uno de los barrios de Barcelona que a la postre también lo es de su distrito.

Les Corts traducido literalmente, nos remite a un pasado gubernamental, como el dedicado en la Gran Vía que atraviesa Barcelona, pero estamos nuevamente ante otra deformación que, en este caso, nos lleva al lado contrario de la historia: de la alta política a la realidad más rural.

Así, la nomenclatura  de Les Corts proviene del término «cohortis», que significa masías, siendo éstas numerosas cuando este territorio era la zona de cultivo de Sarrià, municipio del que se independizó en 1836.

Testimonio vivo de este pasado es la masía Can Rosés, de 1716 y que aún se conserva en el cruce de Déu i Mata con el carrer Numància, o la mítica Can Planes, de 1702 cuyo nombre puede que no nos diga nada por sí solo, pero sí el hecho de que fuera durante años la residencia de los juveniles del FC Barcelona y que, por tanto, culpable de que a éstos se les denominen como “la masía del Barça».

 La Vall d’Hebrón

Hospital puntero y germen del desarrollismo «moderado», la Vall d’Hebrón es de esos barrios de Barcelona que pronuncias a menudo sin reparar en lo curioso de su nombre.

La siguiente pregunta es clave para ello: ¿Qué tiene que ver este rincón a las faldas del Collserola con la histórica ciudad palestina? La respuesta la encontramos en un lugar tan anodino como la gasolinera Meroil de la carretera de la Arrabassada, donde otro de los barrio de Barcelona, Sant Genís dels Agudells toca a su fin ya en pleno parque natural.

En esta gasolinera encontramos un muro de piedra que no es ni más ni menos que los únicos restos que quedan del monasterio de Sant Jeroni: un lugar eclesiástico fundado en octubre del 1393 cuando la reina Violant de Bar concedió su construcción a unos eremitas que aquí poblaban desde hace años con la intención de mejorar sus condiciones.

Se denominan eremitas a los cristianos que deciden vivir de forma ermitaña, alejados de toda civilización, para alcanzar la forma más pura de conexión sagrada

Para ello, Violant trasladó a unos monjes valencianos a la zona para poder facilitar la vida eclesiástica a los eremitas, y fueron éstos mismos quienes decidieron nombrar al monasterio como Sant Jeroni de la Vall d’Hebrón: Sant Jeroni por ser éste un santo eremita retirado en Tierra Santa, y de la Vall d’Hebrón porque el paisaje escarpado y frondoso del Collserola, les recordaba a los de esta ciudad palestina histórica cuna de la civilización.

Desde entonces, el monasterio de la Vall d’Hebrón creció en prosperidad, siendo un punto dinamizador de la zona hasta que en la guerra de la Independencia (1808), los franceses lo escogieran como lugar donde refugiar sus tropas que, tras perder la batalla, lo acabaron destruyendo.

Tras el corto periplo francés, el monasterio fundacional de uno de los barrios de Barcelona con nombre más curioso, cayó en una decadencia que la desamortización de Mendizábal acabó por dar la estocada final. Lo poco que quedaba en pie de la edificación se fue desmontando poco a poco hasta solo quedar el recuerdo del muro de esta gasolinera y el nombre del barrio.

Barrio que, curiosamente, no se encuentra ni en esta zona (hoy Sant Genís), ni donde el hospital que le ha dado fama: el hoy barrio de la Vall d’Hebrón se encuentra justo en frente a la ciudad sanitaria, al otro lado de la Ronda de Dalt, entre la Teixonera, Clota y el núcleo más antiguo de Horta.

La França Xica

De los barrios de Barcelona, hay uno que, hasta 1982 y la reordenación urbana llevada a cabo por entonces, lo encontrábamos por duplicado pese a su curioso nombre… Hasta entonces, en la ciudad encontrábamos nada más y nada menos que dos «França Xica«.

Esto se debe a que, desde el siglo XIX, en Barcelona encontrábamos dos zonas muy localizadas donde se concentraban los emigrantes del país vecino: una en Poble Sec, y otra en lo que hoy es Diagonal Mar, en torno a la fábrica MACOSA.

El mayor arraigo de la França Xica del Poble Sec permitió que este rincón del distrito Sants-Montjuïc se quedara con la denominación, cambiándose el de Sant Martí por el de Front Marítim primeramente, y con la remodelación a causa del Fòrum, en Diagonal Mar finalmente.

Pero el hecho de que los franceses eligieran esta zona de Poble Sec para recrear su patria mediante sus costumbres no fue el motivo de la denominación «Xica»: la razón del diminutivo es que esta «França» que cuenta con el carrer Lleida como epicentro, iba a ser aún mayor.

De hecho, la França Xica iba a ser uno de los barrios de Barcelona que se integrarían en el Eixample post-Cerdà, rompiendo la concepción original que marcaba el Paral·lel como frontera occidental de la cuadrícula urbana más famosa.

Según un proyecto de 1890, la llanura libre entre el Paral·lel y Montjuïc iban a seguir el trazado de calles como Sepúlveda o Floridablanca, extendiéndose incluso a lo que hoy es el barrio de la Font de la Guatlla. ¿Qué pasó para que la extensión sur del Eixample no se llevara a cabo? Los retrasos en los inicios de la construcción y la posterior designación de la zona como epicentro de la Exposición del 29 causaron que se diluyera el proyecto, llevándose a cabo únicamente en lo que hoy ya sí conocemos oficialmente como la França, con el apellido Xica debido a que no pudo ser más grande, como en un principio estaba concebida.

[En construcción]

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