Una escultura es una obra de arte única. Cada estatua responde a una intención, a una expresión… Piezas… ¿irrepetibles? A lo largo de la ciudad podemos encontrarnos con el mismo homenaje artístico en varias ocasiones, como si de una obra del más genuino pop art de Warhol se tratara, pero, ¿por qué esta doble reproducción? , ¿a qué se debe estas esculturas de Barcelona duplicadas.
Razones por las que encontrarnos esculturas de Barcelona duplicadas
Decorar una ciudad con esculturas no es tarea fácil. No es únicamente una cuestión presupuestaria, sino que el arte público debe responder a razones más allá de las decorativas: un homenaje, un evento, ofrecer valor añadido a una zona… ¿a quién no le gusta disponer cerca de piezas de museo al aire libre?
Es por ello por lo que, periódicamente, el Ayuntamiento se preocupa porque sus calles no solo luzcan limpias y arregladas, sino también culturalmente interesantes.
Ya desde el siglo pasado, -y sobre todo al momento de alzarse todo un barrio de 7 hectáreas como supone el Eixample-, el interés porque la cultura se viera más allá de las opulentas fachadas burguesas se demostraba en los concursos de bellas artes internacionales en el que presentaban obras escultores de la talla de Clarà, Llimona, Gargallo o Marès.
Tras pasar por salones de París, Londres y otras ciudades, estas esculturas eran bien recibidas en Barcelona para lucir en el espacio público, que también se enriquecía gracias a proyectos locales como los concursos para decorar la ciudad con motivo de las Exposiciones de 1888 y 1929, o para dar lustre a las recién abiertas calles del Eixample.
Esto era bien sabido por los propios autores que, ante la posibilidad que su obra quedara expuesta en otra ciudad o para protegerla de posibles daños, las realizaban con moldes que permitían su fácil reproducción dado el caso.
Por otra parte, la falta de acceso a materiales nobles sin la certeza de que la obra gustara o por falta de presupuesto, provocaban que, en ocasiones, las esculturas se realizaran en piedra arenisca u otros materiales corrosibles, degradándose con el paso del tiempo y requiriendo una reproducción.
Estos hechos permitían que, en cuestión de décadas, ciertas obras se reprodujeran. Y como no es cuestión de «tirar a la basura» un Gargallo o un Clarà, se repararan y expusieran, o bien a resguardo en un museo, o bien en otro punto de la ciudad diferente al original.
A razón de ello, podemos ver esculturas en Barcelona con su correspondiente «doppelgänger» en otro punto completamente diferente. ¿Dónde y por qué se encuentran estas esculturas en Barcelona duplicadas?

Un paseo por las esculturas de Barcelona duplicadas
Repòs, de Josep Viladomat y Manolo Hugué
Es la escultura en Barcelona que inspiró este artículo… Vas paseando por Josep Tarradellas y reparas en que en su esquina con el carrer Londres se encuentra una estatua que te recuerda al «Príncipe de Beckelar» que, como si de un dejà vú se tratara, ya te pareció hacer el chiste de dudoso gusto en otra ocasión…
Hablamos de chiste de dudoso gusto porque realmente estamos ante la escultura de una mujer. Y no una mujer cualquiera, sino una mujer creada a partir de la genialidad de Manolo Hugué y Josep Viladomat.
Repòs debe su coautoría a que el original es una pieza de menor tamaño de Hugué (uno de los máximos representantes del novecentismo catalán de principios del siglo XX), que fue reproducida en mayor tamaño tres años después por Viladomat (quien nos legó, entre otras obras, a la República que luce en la plaza del mismo nombre) en 1928, con la intención de decorar Montjuïc para la Expo del 29.

La razón de por qué resulta familiar la escultura de la avinguda Josep Tarradellas se debe a que existe otra igual en los jardines Laribal. Y no otra cualquiera, sino la original de Viladomat.
Por motivos similares a la suerte que corrieron otras esculturas de la época, el desnudo que luce la mujer en reposo produjo que finalmente no se expusiera al recatado público burgués en el contexto de la Expo del 29, descansando en dependencias municipales hasta que, en 1961, al momento que el Eixample esquerra comenzaba a culminarse, alguien decidió colocarla en el cruce donde el carrer Londres tocaba a su fin.
Y allí pasó los años hasta que, en el año 2000, se quiso hacer justicia al emplazamiento original y se propuso llevarla a los jardines de Laribal, junto a la Fundació Miró.
Allí descansa el original de Viladomat desde 2002. Y para que los vecinos del Eixample Esquerra no se vieran desairados, también desde ese año se encuentra la copia en la misma plazuela en la que vivió durante tantas décadas.

El Timbaler del Bruc
El timbaler del Bruc es un personaje de la historia de Cataluña que no necesita presentación… Lo icónico y la importancia que tuvo para la moral de los ejércitos que un joven, haciendo resonar su tambor, hiciera creer a los franceses que nuestras tropas se contaban por miles gracias a las resonancias de las montañas de Montserrat, dota a la leyenda de la épica, moral y regionalismo necesario como para incluirse en la idiosincrasia de los catalanes sin importar el signo político que lo alabase.
Es por ello por lo que, en 1952, un Franco deseoso de insuflar valores a una sociedad desgastada por su propia dictadura, se presentó en el pequeño pueblo de la Anoia para inaugurar una estatua que representaba a su personaje más ilustre, queriendo recuperar esta historia popular para sus propios intereses.
La estatua inaugurada en el Bruc ni siquiera estaba completada: se trataba de la maqueta realizada en arcilla por Marès, colocándose la original realizada con piedra montserratina dos años más tarde.
La existencia de esta maqueta permitía que la escultura se pudiera replicar con suma facilidad. Por lo que tan solo cuatro años más tarde, en 1956, encontramos la misma representación en bronce del timbaler en las escaleras del carrer Corint que nos sumergen en el elegante barrio de Monterols.
Pero… ¿no estábamos hablando de duplicados de esculturas de Barcelona? Como no hay dos sin tres, y los recursos en la posguerra eran limitados, con este mismo molde y la intervención del autor original, Frederic Marès, se pudo realizar una tercera estatua del timbaler del Bruc en 1962. situándose en un lugar clave para la propaganda de la dictadura: el castell de Montjuïc.

| ¿Es el timbaler del Bruc un símbolo franquista? |
| Podría parecer, por lo hasta ahora descrito, que un icono de la historia catalana como resulta el timbaler del Bruc, se haya convertido en un símbolo del franquismo en un intento del régimen de hacer de este personaje de l’Anoia, su propio Rafael Casanovas. Lejos de la realidad, el timbaler del Bruc sigue siendo un símbolo catalán, y por suerte las estatuas que lo homenajean no se han impregnado del tufo de quienes allí la colocaron. Pero sí es cierto que, en concreto estas tres esculturas, fueron un intento de la dictadura por «blanquear» sus dudosas moralidades mezclándolas con artefactos culturales muy presentes en la ciudadanía catalana. La épica con la que siempre se ha contado cómo un joven aldeano, con la única ayuda de un tambor, fue capaz de derrotar al temido ejército francés de Napoleón, representa unos valores «jugosos» para un gobierno dictatorial necesitado de historias populares favorables a su causa. Es por ello por lo que «Franco y sus palmeros», se sentían realmente confortables con esta representación, hasta entonces apolítica, como símbolo de cómo el ejercito español encaró al francés. A quien sí se le culpa en parte de, al menos, blanquear la dictadura franquista, es al autor Frederic Marès, cuya maestría y genialidad se puso en entredicho por sus estrechas colaboraciones con el franquismo. |
Al bueno del timbaler aún le quedaría un tercer homenaje en Barcelona, realizándose una nueva escultura en 1980 frente al Cuartel del Bruc, en Pedralbes.
Esta tercera escultura se realizó en piedra a manos del escultor Carlos Ochoa, en conmemoración del 172 aniversario de la batalla del Bruc frente a los cuarteles del ejército que la recuerda.
Los aurigas olímpicos
¿Cuántas veces nos quedamos con las ganas de apreciar de más cerca una obra escultórica que nos llama potentemente la atención? Este privilegio lo podemos tener si recorremos los 10 kilómetros que separan los aurigas olímpicos del Estadio Lluís Companys, con los aurigas olímpicos del parc de Can Dragó.
En el caso de la pareja de atletas grecorromanos que decoran la fachada del Estadi Olímpic, nos encontramos con los «originales» del gran maestro de la escultura contemporánea Pau Gargallo, colocados allí para dar esplendor clásico a un estadio que, sin serlo hasta 1992, ya se alzaba en torno a 1929 con pretensiones olímpicas.

¿Por qué el entrecomillado de «originales»? Porque si bien las del estadio son las esculturas primigenias de Gargallo, una mala elección del material con las que se realizaron hicieron que requirieran una intervención tan profunda como para que se pueda atribuir una coautoría con la encargada de la rehabilitación.
Las aurigas originales estaban realizadas en hormigón, un material que se popularizó en la década de los 20 por su bajo coste de producción y sus rápidos resultados. La falta de recorrido de este nuevo material produjo que no siempre se manipulara como es debido y fraguase correctamente, lo cual propició que, en la década de los 60, las aurigas presentaran un mal estado de conservación debido a la exposición a las inclemencias del tiempo y a la falta de mantenimiento de las instalaciones.
Cuando en la década de los 80 se planteó la puesta de largo del antiguo y olvidado estadio de Montjuïc, se propuso un arduo trabajo de reconstrucción de estas esculturas en el que participaron la hija de Gargallo y la escultora Marta Polo.
Polo pudo reproducir con exactitud las piezas faltantes de las aurigas gracias a fotografías antiguas y a los modelos a escala existentes en el museo zaragozano en honor a Pablo Gargallo, hasta poder hacerlas lucir como lo hicieron en 1929.
Tal fue el exhaustivo trabajo de Polo, que con los moldes resultantes se quiso realizar una segunda copia que no solo sirviera para que la ciudadanía pudiera apreciarlas de cerca, sino también para llevar el esplendor olímpico a los barrios mediante el plan Barcelona Posa’t Guapa.
Es así como las mismas aurigas que se asoman desafiantes desde la fachada neoclásica del estadio, se encuentran en bronce también en un pequeño cerro en el parc de Can Dragó

La deessa
Si Barcelona se convirtiera en mujer, ¿qué forma y aspecto tendría?
Según la cultura popular, la escultura de Barcelona más representativa de esta ciudad sería la deessa (diosa) de Josep Clarà.
La deessa se trata de una de las esculturas que se encargaron, mediante concurso municipal, para la puesta de largo de la plaza Cataluña, allá por 1929 con motivo de la Exposición Internacional.
Se trata de una pieza originalmente realizada para el salón de París de 1908, de estilo novecentista en la que se representa a una mujer de contundentes pero redondeadas formas con una característica expresión introspectiva, hecho que la llevó a llamarse originariamente como «Enigma».

Curiosamente, aunque posteriormente se considerara todo un símbolo de la ciudad, Deessa fue víctima de la ola de conservadurismo burgués que propició el exilio de numerosas obras de desnudos que iban a decorar plaza Cataluña, siendo retirada tras su inauguración en 1928, y posteriormente repuesta a tan solo unos días antes de la inauguración de la Expo del 29.
Por suerte, la belleza de la escultura y la maestría de Clarà hizo que la razón se impusiera a la moral burguesa, consiguiendo que nuestra diosa se quedara hasta 1982 presidiendo la banda mar de la céntrica plaza que da a las Ramblas.
La enigmática diosa de plaza Cataluña llevaba por entonces expuesta más de 5 décadas y ya contaba con la setentena de edad, lo cual hacía que requiriera algún que otro retoque que la rejuveneciera. Es por ello por lo que el Ayuntamiento, viendo cómo la obra de Clará se había convertido en todo un símbolo, decidió que más que retocarla, lo suyo sería realizar una nueva copia y, la original, reservarla para un espacio más representativo de la ciudad.
¿Y qué espacio podía ser más representativo del pueblo barcelonés que la propia plaza Cataluña? Es así como aprovechando las enésimas obras de plaza Cataluña, se solicitó al escultor Ricard Sala que realizara una réplica en mármol a colocar sobre un nuevo estanque, yendo a parar la original al vestíbulo del Ayuntamiento, donde desde entonces recibe a todos los barceloneses y barcelonesas.

La Piedad del Parlament y la del fossar de la Pedrera
Una vez consolidada la Democracia y finalizada la Transición, a mediados de los 80 comenzó a despertar el legítimo (que no siempre legitimado) sentimiento de homenajear a los tantos ciudadanos que fueron atacados, silenciados o incluso asesinados por ser contrarios a la dictadura franquista.
En este contexto y con el recién recuperado Parlamento de Cataluña como telón de fondo, el escultor Ferran Ventura Rodríguez creó en 1984 el Grup escultòric de la Pietat, bajo el patrocinio de la Asociación Pro Immolats per la Llibertat de Catalunya.
Tan solo un año más tarde, en 1985, el Ayuntamiento y la Generalitat adecentaban y convertían en espacio de memoria el Fossar de la Pedrera: el lugar donde se enterraban en fosas comunes a las mismas víctimas franquistas que la Pietat pretendía homenajear desde la biblioteca del Parlamento.
Es por ello por lo que se decidió realizar una copia en bronce del original de Ventura Rodríguez, para que su significado sirviera también de homenaje y recordatorio de la barbarie en este lugar tan especial para la memoria histórica reciente.
¿Por qué una figura tan religiosa como la Piedad para ello? El sentido de que esta representación, tan ligada a los valores cristianos que la propia dictadura promulgaba, sirviera como homenaje a los represaliados del franquismo viene de que Ventura Rodriguez quiso resignificar este símbolo de la cristiandad, dotando a la figura femenina (originalmente encarnada por la virgen María) de una mirada al frente firme y desafiante, sin la resignación de la representación original.
La figura masculina (homóloga de la de Cristo yacente) sin embargo se representa desnuda, frágil y retorcida sobre sí misma, como alegoría de la barbarie cometida durante los años del franquismo.
El Desconsol
No salimos del Parc de la Ciutadella para reparar en la que probablemente sea su escultura más emblemática. El Desconsol es una de las obras más conocidas del escultor Josep Llimona, uno de los mejores representantes del modernismo escultórico.
Una escultura de una mujer cuyo gesto no deja ver su rostro, pero aún así nos hace partícipe de su sentimiento solo con la postura y la expresividad con la que se deja caer, compartiéndonos ese desconsuelo que la titula y, con ella, la genialidad de Llimona.

Desconsol fue realizada en 1903, y desde 1917 una réplica en mármol descansa desde la fuente que preside los jardines que dan acceso al Parlamento de Catalunya, convirtiéndose desde entonces en el símbolo de la Ciutadella como espacio recuperado para la ciudad.
Años de permisivo tránsito de coches incluso por el interior del parque, causaron que a 1985, la réplica de la Ciutadella se encontrara en un estado de muy mala conservación (la original permanecía en los fondos del MNAC desde que el alcalde Sanhelly la adquiriera en 1907), por lo que se realizó una nueva copia que la sustituya.
Así, no nos encontramos con una escultura duplicada, sino triplicada, aunque a lo que respecta a la ciudad, en 2018 el ex presidente Torra decidió colocar la original cercana al patio gótico del Palau de la Generalitat, quedando la copia en la Ciutadella y, la dañada, donada a la ciudad de Boston una vez se rehabilitó.

El forjador
Y seguimos con Llimona, cuya maestría al cincel justifica que en la medida de lo posible, su arte se multiplique.
En este caso, una de sus otras esculturas en Barcelona triplicadas la encontramos tanto en Plaza Cataluña, como en la plaza del Univers en Fira Montjuïc, como en la Escola de Treball.

Se trata de El Forjador: una pieza realizada en 1914 en bronce y que “duplicó” en piedra para el concurso realizado por el Ayuntamiento para la reforma de Plaza Cataluña en los albores de la Exposición de 1929.
Y precisamente otra copia en bronce y con motivo de la Expo del 29, se realizó en 1930 para homenajear a los trabajadores que habían participado en el evento. La fuerte expresividad de la escultura lo hacía perfecto para ello y, desde entonces, otra copia reside en la plaza del Univers.
Una tercera se colocó poco años después en el vestíbulo de la Escola de Treball, dentro del recinto de la Escola Industrial. Todas ellas sumadas a la original que se encuentra en los fondos del MNAC, convirtiendo al Forjador de Llimona en una de las esculturas en Barcelona más reproducidas y expuestas.
Esculturas de Barcelona «mellizas»
Hemos visto casos en los que una misma escultura se ha reproducido por la ciudad, surgiendo «estatuas gemelas» en diferentes localizaciones de Barcelona. Pero también nos encontramos con el caso de «esculturas de Barcelona mellizas»: representaciones que si bien no son iguales, homenajean al mismo personaje.
Es el caso de Bolivar, que lo vemos reproducido tanto en la Barceloneta como en Montjuïc. Localizaciones que curiosamente también homenajean a Carmen Amaya por duplicado.
Aunque si tenemos que hablar de personajes con mayor número de esculturas representadas en Barcelona, la palma se la llevan Sant Jordi, els dracs y el dios del comercio Hermes, que se cuentan por centenares a lo largo del mapa urbano.

