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Rutas temáticas por Barcelona

Ruta de la Barcelona Pop

Barcelona es una ciudad muy rica en historia… también en la popular. En esta ruta de la Barcelona pop hacemos un repaso a escenarios e icónicos momentos de «celebrities» patrias e internacionales con la ciudad como protagonista.

¿Qué tienen en común Kylie Minogue y Chelo García Cortés?, ¿Rosalía y la eurovisiva Beth? Todas ellas han protagonizado icónicos momentos en esta ciudad que también ha servido de escenario para películas y otros hitos de la cultura popular. Los repasamos todos en la ruta de la Barcelona Pop.

¿Rosalía artista callejera?

Escena: una Rosalía totalmente desconocía actúa en plena calle
Lugar de peregrinación pop: Plaça de Sant Galdric.

Hoy vende millones de discos a nivel mundial y satura páginas de venta de entradas para exasperación de todo aficionado a los conciertos, pero la de Sant Esteve Sesrovires tuvo unos comienzos más humildes que los de su cacareado encuentro con Àngel Llàcer en «Tú si que vales«.

6 años después de este momentazo televisivo, la ravalina plaça de Sant Galdric se convirtió en 2014 uno de sus primeros escenarios como artista en ciernes, donde realizó un concierto callejero junto al guitarrista Roger Sabartés.

Pese a que el video se viralizó unos años después calificando los inicios de Rosalía como los propios de quienes van a la caza de un par de monedas en base a su talento musical, la realidad es que esta actuación era parte de un trabajo para la escuela de música Taller de Músics, donde la intérprete de La Perla estaba completando su formación académica.

En este trabajo práctico, -que es la envidia de todo el que se ha tenido que enfrentar a una prueba de evaluación universitaria-, interpretababa piezas musicales clásicas como el Ojos Verdes de Concha Piquer en el marco del «Ciutat Flamenco Festival»: festival de música callejera barcelonés dedicado a la música flamenca.

Shakira «loca con su tigre»

Escena: Shakira sin permiso chapoteando alegremente en una fuente pública.
Lugar de peregrinación pop: Font del Geni Catalá, en Pla de Palau.

Tenía que estar y está. El vínculo de Shakira con la ciudad ha sido lo suficientemente fuerte como para que haya no uno, sino una decena de escenarios icónicos dentro de la Barcelona pop.

Antes de que la colombiana más internacional (con permiso de Sofía Vergara y Gabriel García Márquez) se dedicara plenamente a facturar, le declaraba su amor a la capital catalana (y a Piqué) con vídeos como el del primer sencillo de su disco de 2010 «Sale el Sol». 

En este vídeo se la puede ver en moto (sin casco) por el Paseo Marítimo y salpicando a fans y curiosos en la fuente de Pla de Palau. Inocentes escenas por las que una Oficina de Turismo pagaría millones, pero que trajo consigo agrias polémicas con el consistorio barcelonés al carecer la Shaki del permiso pertinente para las grabaciones del videoclip de Loca.

Por si fuera poco, al pasearse desmelenada sin casco, a la multa por el baño se le sumó el de la infracción de tráfico. ¿Cuánto le costó la broma? Unos 500 euros: 400 por la fuente y 100 por ir cabellera al aire en moto. El día del pago no facturaría, pero vista la repercusión le debió salir a cuenta.

Otros «Shakirazos» en la Barcelona pop
Los más de 10 años de residencia de Shakira en la ciudad no podían resumirse solo en un videoclip, dejando otros momentazos dignos de peregrinación para la Barcelona pop.

Otro de los escenarios que sirvieron como acompañamiento para la música de la catalana fue Can Batllò, en el barrio de La Bordeta, para el videoclip de una canción que tanto los fans de la Shakira más auténtica, como seguramente la propia colombiana, preferirían borrar. Se trata del video de «Me enamoré«, la nefasta canción en la que, seguramente influenciada por su amistad con García Márquez, nos regaló el verso «Un mojito, dos mojitos, que ojitos tan bonitos».

Pero si hay un momento icónico de la etapa «Shakira hasta el pitote» no es otro que el de «la bruja piruja«, cuando en pleno divorcio con Piqué, no tuvo otra ocurrencia que colocar una figura digna de aquelarre frente al balcón de sus ex suegros. Una sutileza digna del verso anteriormente mostrado y que sirvió para que la casa de los progenitores del exdefensa del Barça se renombrara en Google Maps como «el Castillo de la Bruja Piruja«.

Por último, otro de los surrealistas momentos shakirianos en Barcelona (que fueron muchos más de los que su asesor económico deseara en su trifulca con Hacienda), lo protagonizó en la cercana Carretera de les Aigües, donde durante un paseo en octubre de 2001 con su hijo mayor por Collserola, fueron atacados por dos jabalíes. Incidente que se saldó sin daños físicos pero sí económicos, ya que le destrozaron el bolso.

El «efecto Mandela» del dueto Mercury – Caballé

Escena: dos divas celebrando la música y a Barcelona como sede de los Juegos Olímpicos.
Lugar de peregrinación pop: Font Màgica.

El increíble dueto que nos regalaron estos dos titanes de la música no necesita presentación alguna, pero sí ciertas aclaraciones.

La canción Barcelona suele venir acompañada de las imágenes de lo que sería la última actuación pública de Freddie Mercury, que nos sería arrebatado un par de años más tarde por culpa de la lacra del SIDA en su mayor apogeo. Erróneamente, en lo que es un buen ejemplo del denominado como «efecto Mandela«, se piensa de forma generalizada que esa actuación corresponde a la inauguración de los JJOO de Barcelona en el 92, cuando realmente el icónico momento frente a la Font Màgica de Montjuïc sucedió durante el evento llamado «La Nit», el 8 de octubre de 1988, celebrado en conmemoración de la elección de la ciudad como sede olímpica.

Otro «efecto Mandela» que produjo la actuación es que todos creemos recordar las columnas de Puig i Cadafalch como parte de la escenografía, pero éstas no se repusieron hasta 2010.

La «noche de amor» entre Chelo y Bárbara Rey

Escena: un fin de año «loco» entre una cabaretera, una periodista, Parada y dos actores.
Lugar de peregrinación pop: carrer de Loreto 36.

El mundo de la prensa rosa patria nos ha dejado icónicos momentos en los platós televisivos de programas propio de la Telecinco más salvaje, y fue en uno de ellos precisamente donde una Bárbara Rey magnética, se dirigió a su amiga Chelo García-Cortés delante de las cámaras para confesarnos que habían tenido toda una «noche de amor», que con mayor sutileza de la que hace gala la Shakira soltera, nos viene a decir que «allí pasaron cositas».

El «allí» no era otro lugar que la residencia barcelonesa de la vedette monárquica a ratos, donde en la Nochevieja de 1980 practicaron el poliamor y probaron mucho más que un menú típico de fin de año.

La Barcelona ye-ye de Dolores Vargas

Escena: una rumbera sobre un quad de seis ruedas lanzándose a una fuente de Montjuïc y bailando flamenco en medio del monumento a la Sardana.
Lugar de peregrinación pop: Jardines del Mirador de l’Alcalde

Y de la historia contemporánea de la televisión, a la más vetusta, aquella que lucía en blanco y negro, donde reinaba José María Íñigo y las coreografías psicodélicas de Valerio Lazarov.

Y como si de un programa de «Cachitos de Hierro y Cromo» se tratara, a ésta nos remitimos a través de Dolores Vargas: artista flamenco-pop que muchos recordamos por su mítico «Achilipú«, pero cuyo legado trasciende más gracias a su presencia escénica y sus incursiones transformando las canciones populares en hits flamencos con más atino que Pitingo.

La también conocida como «la Terremoto», en 1971, participó en un programa producido por TVE en el que Dolores sumó fuerzas con el realizador hispano-rumano Valerio Lazarov, consistente en actuaciones de artistas flamencos adaptando afamadas canciones inglesas.

La rumbera barcelonina hizo lo propio con el Chirpy Chirpy Cheep Cheep, canción del grupo Middle of the Road estrenada con mucho éxito ese mismo año, cuya interpretación flamenca, sumada a la surrealista puesta en escena de Lazarov, dio como fruto esta pieza audiovisual digna de entrar en el olimpo de la Barcelona pop.

Lady Gaga y su concepto particular de «Room Service»

Escena: Lady Gaga y un Audi A6 aparcando en plena recepción.
Lugar de peregrinación pop: Hotel Mandarín.

Toda diva que se precie dispone de un listado de peticiones a los hoteles que van del «todo blanco» de Jennifer López, al «destruyan el WC en el que defeco» de Madonna. Lady Gaga, excéntrica donde las haya, no podía ser menos… y para su estancia de 4 días en el exclusivo hotel Mandarín realizó una petición cuanto menos… curiosa.

Pese a ser conocida por su afabilidad hacia los fans, se ve que la Germanotta no estaba para muchas fotos en el exterior durante los tres conciertos que dio en Barcelona del 29 de octubre al 1 de noviembre, por lo que su exigencia no fue otra que la de poder acceder al interior del hotel en coche, sin tener que pisar la acera de Passeig de Gràcia de 20 metros que separan calzada y entrada al hotel.

No parece nada extraño para una celebridad que, por mucho que sonría a fans y firme autógrafos, tiene tanta exposición y desea algo de tranquilidad entre bolo y bolo. El problema es que el Mandarín no dispone de parking propio.

¿Frena esto a una diva y a un hotel con ganas de complacerla? Efectivamente no. Y si Mahoma no va a la montaña, la montaña va a Mahoma… por lo que días antes de la llegada de «Mother Monster» a la ciudad, se pudieron ver distintas maniobras con un Audi para introducirlo desde el paseo al interior del hotel… por la puerta principal.

Maniobras que no debieron salir del todo bien a la primera con el Audi elegido, puesto que varios destrozos en su carrocería forzaron el cambio a un modelo algo más accesible. Hecho que no fue del agrado del todo de la diva pero que sí le permitió introducirse de una desde la calzada a la recepción.

La piscina municipal más pop en Barcelona

Escena: dos divas pop chapoteando en una piscina pública.
Lugar de peregrinación pop: Piscina Municipal de Montjuïc.

¿A quién no le gustaría darse un bañito en las mismas aguas donde se han sumergido dos divas de la talla de la Kylie y Dua Lipa? Si uno quiere bañarse en las aguas más divinas del olimpo pop barceloní, las olímpicas de Montjuïc son su lugar de peregrinación obligado.

Hasta allí se desplazaron Kylie Minogue en 2004 para el videoclip de su hit Slow, y en 2023 Dua Lipa para su Illusion. Razones no faltaban para elegir esta zona como escenario, ya que al situarse en una ladera pronunciada y carecer de graderío norte, permite que los saltos cuenten con todo el skyline de Barcelona como fondo.

Significativo resulta sobre todo el vídeo de la australiana en su vínculo con la Barcelona pop al reproducir justo al comienzo, el ejercicio de la saltadora rusa Yelena Miróshina, inmortalizado por el fotógrafo Txema Fernández en una fotografía que rápidamente se convirtió en icónica de las olimpiadas de Barcelona 92.

Dua Lipa y el fuet más internacional

Escena: Dua Lipa bailándole a un «fuet»
Lugar de peregrinación pop: Fira Barcelona.

Sin desmerecer ni la canción, ni el video de Dua Lipa en la piscina municipal de Montjuïc, la artista albano-británica ya nos había regalado “sutilmente” otro momento para la Barcelona pop icónico.

En 2020 el confinamiento por COVID nos dejó momentos históricos para olvidar, pero también hitazos como los de su Future Nostalgia. Y como no estaba la cosa para realizar grabaciones descontroladas al aire libre, Dua Lipa se vino a uno de los pabellones de Fira Barcelona para grabar con el equipo de la productora barcelonesa Canadá el segundo single de su segundo disco.

El clip para Physical no es tan útil para una campaña turística como sí podrían ser los de Shakira o el de Kylie Minogue, ya que los interiores de la Fira… en fin, no es que sean para enmarcarlos. Pero sí que la grabación dejó una maravillosa anécdota para la cultura pop local y la gastronomía catalana, portando uno de los bailarines una camiseta en la que se podía leer con claridad «FUET», como guiño intencionado de la productora hacia este manjar regional.

El edificio más fantasmagórico de la ciudad

Escena: unas esculturas y unos zombis comepiés
Lugar de peregrinación pop: Casa Argelich (Rambla de Catalunya, 34)

Barcelona tiene un amplio historial con edificios “malditos”: desde el abandonado casino de la Rabassada hasta lujosos hoteles aún en activo donde han pasado “cosas”. Pero pocos presumen tanto de sus leyendas negras como el que encontramos en el número 34 de la céntrica Rambla de Catalunya.

Este edificio señorial, conocido como edificio CEDIMATEXSA o Casa Argelich, se nos puede pasar fácilmente desapercibido entre su entorno, pero no entre los fans del cine de terror, ya que no es otro que el edificio donde se grabó íntegramente cámara en mano cada una de las secuencias de la película REC.

Jaume Balagueró, director de la película estrenada en 2007, no eligió casualmente la Casa Argelich como escenario de su falso documental: el hecho de que esta casa contara con un conjunto escultórico en su fachada que, aún a día de hoy, despierta ciertos escalofríos a quien se para a analizarlo, le sirvió para intensificar la trama y para convertir el edificio en un elemento más del marketing de la película. 

Este misterioso conjunto de esculturas está formado por tres figuras que acosan a una mujer. Una de ellas incluso intenta comerse el pie de la fémina, situada en el centro, sentada al borde de la cornisa. El paralelismo entre la escultura y el argumento de la primera película de la saga de terror español es evidente: estas tres criaturas resultan similares a los zombis del filme que, incluso en una de sus escenas, llegan a agarrar por los pies a la protagonista del filme, Ángela, en un intento por llevársela.  

Evanescence y lo gótico al cuadrado

Escena: el grupo gótico milenial por excelencia grabando en el Barrio Gótico
Lugar de peregrinación pop: Plaça Sant Felip Neri

Hay cierto grupo de historiadores y aficionados a la arquitectura que reniegan del Barrio Gótico barcelonés, calificándolo a la altura de un Poble Espanyol por su carácter de escenario, de ser un artificio descontextualizado por haber crecido en torno al segundo tercio del s.XX cuando el estilo gótico ya llevaba siglos «demodé».

Si este debate no queda resuelto maravillándonos con el puente del carrer del Bisbe, hay un argumento infalible desde la perspectiva de la Barcelona pop: la reina de la música gótica coronó el centro del barrio en 2003.

Esa reina no es otra que Amy Lee, la líder del grupo que más ha contribuido a la depresión adolescente desde Radiohead: Evanescence, que en plena ola de éxito con su debut «Fallen», vino a grabar el baladón por excelencia de aquel disco: My Immortal.

4:30 minutos de auténtico bajonazo milenial en los que la buena de Amy acaricia las tipuanas melancólica, se sube a la fuente haciendo equilibrios con mucha melancolía, se tumba en uno de los bancos rebosante de melancolía, se sube a un platanero para abrazarse a sí misma (melancólica) y, en definitiva, nos enseña la plaza de principio a fin con la actitud propia del estilo emo de la época («mira qué bonito todo, me quiero morir»). Todo en blanco y negro para reforzar el dramatismo.

El resultado es que, más allá de la broma, el videoclip que lleva más de 1072 millones de reproducciones se convirtió en uno de los mejores escaparates pop de la ciudad, mostrando imágenes bellísimas no solo de la plaza, sino también del Call e incluso adelantándose a la viral imagen de la plaza Milans. Todo ello al ritmo de una música que marcó a toda una generación.

La Sagrada Familia se coronó en 2003

Escena: una triunfita sobre una de las torres de la Sagrada Familia cuando solo 8 estaban coronadas.
Lugar de peregrinación pop: Sagrada Familia.

Los primeros dosmiles son la fantasía de cualquier aficionado a la cultura pop en estado puro. En lo estético, la modernidad venía marcada por lo renderizado y el croma, y en los musical total dominio de todo disco que se apellidara «mix» y de la cultura televisiva. Y no hubo mayor hito de la pequeña pantalla por aquellos tiempos que Operación Triunfo.

Y allí estaba la buena de Beth, con sus rastas y su desbordante catalanidad, lanzada (o empujada, según se vea) a conquistar Europa como ganadora de la segunda de las galas que desde OT se dedicaban para elegir a nuestro representante en el festival de la canción por excelencia.

¿El tema? «Dime», una techno rumba catalana popera. Banda sonora de una época en lo que menos importaba no era la calidad de la canción, sino su capacidad para ser coreada por miles de gargantas a la vez: ya fuera en un plató de televisión, en un estadio, en una boda o en las fiestas mayores.

¿El vídeo? Un delirio a la altura de ser editado en un ordenador con Windows XP, en el que el principal escenario de Beth no es otro que la terraza de un edificio «inspirado» en la torre Mapfre que resulta el sueño erótico de todo especulador inmobiliario: situado bien pegadito a las torres de la Sagrada Familia.

El resto del clip es una sucesión de «greatest hits» gaudinianos que ni el mejor video promocional de «Barcelona Turisme» para ser proyectado en las pantallas de Tokio. Beth bailando en los bancos del Park Güell (cuando aún era público…), Beth frente a la Casa Batlló, Beth en el portal de la Pedrera… Pero el cenit lo encontramos justo al cumplirse el primer minuto de esta parálisis del sueño de urbanistas y directores de arte, cuando la cantante de Suria baila sobre la torre de San Matías.

Este momento es histórico porque, además de mostrar una cantante icono de una generación en todo su esplendor, recoge imágenes que quedan a día de hoy muy lejanas a pesar de haber pasado únicamente dos décadas, como resulta una Sagrada Familia de 8 torres frente a las 14 con las que luce actualmente.

Probablemente de grabarse hoy, además de hacerlo en HD, Beth aparecería sobre el león de San Marcos, la estrella de la Virgen María o, en un par de meses, sobre la cruz de Jesús a una altura de 172,5 metros.

Natalie Imbruglia independentista

Escena: una estelada pintada en un Poblenou por entonces marginal, televisada alrededor de todo el mundo.
Lugar de peregrinación pop: Carrer Llull con Llacuna.

En 1997 se salía antes de la droga que del martillete del éxito de Natalie Imbruglia «Torn«. Esta canción estaba en todos lados: en las radios, en la MTV, en la tele anuncio de compresas mediante… y también en Poblenou.

No fue exactamente Torn la canción de la australiana que se paseaba entre un barrio barceloní aún humeante y por gentrificar, pero sí Big Mistake: el segundo single que demostraba que el disco aún tenía algo más de recorrido que el del one hit wonder que prometía la omnipresente Torn.

El videoclip de Big Mistake fue grabado ya en 1998, en varias localizaciones de Barcelona de las que destacan un carrer Pere IV muy decadente y un detalle que no se escapa desde el primer segundo que comienza el vídeo: una estelada pintada sobre la pared.

Más allá de este «logro indepe», el videoclip actúa como una auténtica cápsula del tiempo mostrándonos un Poblenou muy, pero que muy alejado del que conocemos hoy, donde muy pocos conocían qué leches era una @ y donde los bares no servían «café de especialidad» sino carajillos bien cargados.

Prueba de esto último lo podemos ver en el cruce del carrer Llull con el carrer de la Llacuna donde, a pocos metros de donde hoy se sitúa la superilla, el retratado en el video como el castizo Bar Pipa, hoy es el Pipa Gastrobar. Término que difícilmente tendría encaje en el Poblenou retratado hace tres décadas por la buena de Natalie.

La fantasía retro de Imbruglia continúa cuando, a pocos metros de la gasolinera por todos conocidos como «la de detrás de la Razz», «Naty» se sube a una pick up que en cuestión de segundos la transporta a la otra punta de la ciudad: a un yermo polígono de la Zona Franca con los bloques del hospitalense barrio del Gorg.

Todo un chute de nostalgia e historia reciente en el que resulta curioso que sea una cantante proveniente de las antípodas la que nos tenga que recordar que la historia de los barrios no la construyen los brunch ni las panaderías franquicia.

La Barcelona de Woody Allen

Escena: Barcelona greatest hits de tour con Penélope Cruz.
Lugar de peregrinación pop: Park Güell, La Pedrera, Las Ramblas, el Tibidabo… todo lo que la Lonely Planet pudo enseñarle a Woody Allen.

Natalie Imbruglia no sumó ningún granito de arena al fenómeno gentrificador: se los guardaba todos Woody Allen para su película rodada diez años despuéss del vídeo de la australiana.

En 2008, el «controvertido» director (por ser amable), más que una película, realizó todo un anuncio promocional de 90 minutos en el que la protagonista no era ni Penélope Cruz, ni Scarlett Johansson, sino la ciudad de Barcelona.

«Vicky Cristina Barcelona» se resume a eso: parece salida directa del despacho de Barcelona Turisme y así se mostró al mundo, como un imán para turistas que comenzaban a construir la Barcelona de los 20 millones de visitantes anuales.

Para atraerlos, Allen no usaba escenarios con tan poco tiro en cámara como los límites con La Verneda o L’Hospitalet: aquí se trataba de enamorar al espectador con los greatest hits: un Park Güell, bien de la Pedrera, una de Ramblas y un barrido general de la ciudad desde la cima del Tibidabo entre otras escenas patrocinadas por Barcelona Turisme.

Todo sobre Almodóvar

Escena: el costumbrismo almodovariano importado a la catalana.
Lugar de peregrinación pop: el barrio del Born, la plaza del Duc de Medinaceli, la Casa Ramos en Lesseps… incluso la A2 a la altura de Cornellà quedó retratada bajo el prisma pop de Almodóvar.

El que es uno de los directores españoles más aclamado, hasta 1999 y su 13ª película no se dejó caer por la Ciudad Condal para contar una de sus historias costumbristas… y la Barcelona pop que retrató le trajo mucho más que suerte: su primer Óscar bajo el brazo.

Y es que en «Todo sobre mi Madre», tal como le sucedía a Woody Allen, Barcelona se convierte en otra actriz más, sirviendo sus escenarios para el retrato de una historia que, como la ciudad, vira de lo trágico a lo cómico en cuestión de segundos.

La Madrid castiza de los barrios de La Concepción y Malasaña, tan retratados por el cineasta, encuentran su horma en el Born, donde se localizan los pisos de los protagonistas. Un Born crudo, auténtico, muy alejado del invadido por los AirBnB de hoy en día, y que se complementa con otros rincones como la vivienda de la querida Rosa María Sardá (madre de Penélope Cruz en la película), en la plaza del Duc de Medinaceli, o una inolvidable Antonia San Juan «haciendo la calle».

¿A qué huele el Laberint d’Horta?

Escena: nobles parisinos cenando allí donde no llegaban los turistas… hasta entonces.
Lugar de peregrinación pop: el Laberint d’Horta.

En 2006 Barcelona seguía apostando fuerte por ser un escaparate que atrajera a aficionados a, entre otras cosas, vivir los escenarios de cine.

Esta estrategia turística la llevó a convertir los, para el visitante medio, inhóspitos jardines del Laberint d’Horta, en fondo clave de la trama de la adaptación cinematográfica de la novela «El Perfume», de Patrick Suskind.

Hasta allí se trasladó el asesino para una escena imprescindible que realmente estaba ambientada en el París del s.XVIII. Un asesino que también paseaba por el Gótico dando otras escenas emblemáticas en torno a la Catedral o la plaza de la Mercè.

La churrería culpable de que ahora se exporten a Seul

Escena: una diva K-POP gentrificando algo tan nuestro como los churros.
Lugar de peregrinación pop: carrer dels Banys Nous.

El K-POP, desde su explosión a finales de la década pasada, mueve masas al nivel que las bandas Spice Girls, Take That, N’SYNC y Backstreet Boys lo hacían a mediados-finales de los 90, con una potente base de fans que hacen de todo por sus ídolos.

Es por ello por lo que, cuando la cantante JISOO, de la que probablemente sea la banda femenina más famosa del fenómeno K-POP, las BLACKPINK, enseñó en noviembre de 2023 durante un inocente paseo por el centro de la ciudad, lo que son los churros al mundo, Corea del Sur enloqueció.

Desde entonces, la muy tradicional y castiza Xurreria San Roman, es punto de peregrinación de todo coreano que visite la ciudad y no faltan colas a horas punta en este punto del carrer Banys Nous al nivel de una administración de lotería en vísperas del sorteo.

Hasta tal punto llega la adoración que la otrora humilde churrería de Ciutat Vella, cuenta a día de hoy con tres franquicias en Seúl, con el mismo letrero y escenografía churrera.

Green Day apuntados a un centro cívico de Zona Franca

Escena: una banda que ha vendido 90 millones de discos, iniciando su carrera a las faldas de Montjuïc.
Lugar de peregrinación pop: Espai Jove La Bàscula.

¿Había algo más punk en la ciudad que la Zona Franca de principios de los 90? seis años antes que la retratara parcialmente Natalie Imbruglia, el grupo estadounidense Green Day ya sabía el atractivo del underground barcelonés.

Por ello, antes que su fama explotara con su mitiquísimo Basket Case, la banda liderada por Billy Joel Armstrong, a sus 18 añitos se estrenaban en terreno nacional en el Centro Cívico La Bàscula, con una audiencia no superior a la media centena.

Un estreno por todo lo alto, con un set de 21 canciones entre las cuales no se encontraba ninguno de los hits posteriores, pero sí una actitud antisistema y un gusto por ir a la contra que los definirían como los abanderados del resurgir punk de los noventa.

El Albergue español o como hacer desear a Barcelona como destino Erasmus

Escena: un grupo de estudiantes Erasmus comportándose como auténticos Erasmus.
Lugar de peregrinación pop: plaza de Sant Agustí.

La marca Barcelona, esa ciudad visitada por 20 millones de turistas, ha sido producto de un elaborado plan de marketing en el que no solo Woody Allen o el Perfume tuvieron que ver… antes de todo eso, la mismísima Amelie se encargó de que miles de estudiantes de toda Europa, quisieran ir a Barcelona de Erasmus.

Audrey Tatou, en su pico de fama, grabó en 2002 «Una Casa de Locos», la traducción española de «El Albergue Español»: cinta hispano francesa que retrataba la vida Erasmus de varios estudiantes europeos en un piso barcelonés.

Y como buena Erasmus, estos jóvenes tenían su punto de reunión en el bar que hace esquina en la plaza de Sant Agustí con el carrer del Carme. Bar que durante años estuvo recibiendo la visita de numerosos estudiantes que quisieron recrear escenas de la película.

A 47 metros sobre el cielo

Escena: una parejita empalagando a medio país y el secuestro de un autobús emocionándolo.
Lugar de peregrinación pop: mirador de Torre Baró.

Si los estudiantes europeos tenían el bar de la plaza de Sant Agustí como referente, los jóvenes que en 2010 vivían sus primeros amores se derretían por recrear las escenas de los protagonistas de la película «A Tres Metros sobre el Cielo».

Una película basada en una serie de libros destinados a ser unos «50 sombras de Grey» naïve que para su exitosa versión cinematográfica contaba con una Mario Casas convertido en ídolo adolescente y una María Valverde que le daba la réplica.

Entre tantos escenarios que fueron reproduciendo por la ciudad, el más emblemático sucede en Nou Barris, donde en el mirador de Torre Baró se da la escena más romántica y empalagosa.

Mirador que volvió a ganar protagonismo 14 años después gracias a un actor que supone la antítesis de Casas: hasta aquí nos llevó el autobús del 47 conducido por Eduard Fernández para contarnos la historia real de este popular autobus, secuestrado en plena transición para demandar a toda una ciudad que le daba la espalda a sus barrios periféricos, algo tan sencillo como que el transporte público llegara a sus vecinos.

Hoy Torre Baró, casi 50 años después de aquel suceso, sigue necesitando mucha inversión pública, pero al menos su nombre ya no está tan desligado al de la ciudad que renegaba de este rincón.

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