Hace unos meses me contactaron desde Timesburg para una campaña llamada «Platos y Relatos»: una original forma de transmitir el vínculo de cada una de sus hamburgueserías en Barcelona con su entorno, a través de poemas que cuentan historias cercanas, impresas en sus servilletas para poderlas disfrutar en la mesa.
Becinadas surgió para acercar esa Barcelona de los barrios, la ciudad más alejada de los destellos de Gaudí que impiden ver detalles e historias cotidianas, por lo que más allá de mi gusto por las hamburguesas, -que también-, la colaboración tenía todo el sentido.
Es así como creé 4 microrrelatos: uno para Sant Pau, otro para Hostafrancs, otro para Les Corts y otro para Horta. Pero como una servilleta da para lo que da, y uno tiene un gusto excesivo por el rodeo y el detalle… lo que para mi era micro, no cabía ni en el mantel.
De esta forma, lo que se inició como una historia de barrio en 300 palabras, acabó en poemas de 80, que desde este mes ya podéis disfrutar en cada uno de los locales de Timesburg de los barrios reseñados.
Y como uno sigue siendo fan de lo extenso, a continuación con vuestro permiso y con el de Timesburg, me gustaría compartiros tanto el poema publicado en las hamburgueserías, como el microrrelato del que surge, que uno conoce sus limitaciones no precisamente lorquianas y sabe que, al igual, a la primera no llega lo que se quiere transmitir.

Platos y relatos: la rebeldía a la cuadrícula de Cerdà
Francesc baja del Guinardó
cada mañana con paso militar.
Tan perfecto como la cuadrícula de Cerdà.
En su mente maestra, siempre igual.
Un día, una zanja rompe su reglada rectitud.
Forzado, gira una calle,
y choca con el Hospital de Sant Pau.
Solo 9 manzanas se rebelan,
de las 420 que hay en el Eixample.
Domènech i Montaner las soñó así:
libres, curvas; arquitectura no obediente.
El profesor lo atraviesa.
Ve, por fin, que la rutina,
por perfecta que parezca,
tiene bellas cicatrices
que también pueden ser historia.
Este primer relato fue creado para el Timesburg Sant Pau (Roselló 520), donde ya desde el nombre, el vínculo con el hospital que Domènech i Montaner trajo a las, por entonces afueras, desde El Raval, era inevitable.
Un hospital, el Sant Pau, que pese a construirse en los años del apogeo del modernismo en Barcelona (1903 – 1930) y que, por tanto, sus llamativas formas no debían asustar a nadie, llegó como un elefante en una cacharrería para cambiarlo todo.
Hasta entonces, las afueras de la Barcelona medieval se iban rellenando cuadrícula a cuadrícula, con escuadra y cartabón, siguiendo milimétricamente el plan trazado en 1860 por un Ildefons Cerdà que tuvo que pelear con uñas y dientes para que se le respetara como urbanista.
Respeto que no tenía por parte de Domènech i Montaner, cuyo carácter no solo lo hizo rivalizar con el propio Gaudí, sino también con el popular urbanista, del que no entendía por qué por razones meramente higienistas, se debía seguir tanta rectitud y simetría. Opinión lógica por otra parte, de un arquitecto modernista y afín políticamente a las ideas del verdadero ganador del proyecto del Eixample: Antoni Rovira i Trias.
Es por ello por lo que en cuanto tuvo ocasión, partió la cuadrícula que tanto odiaba en cuanto le cedieron los terrenos para construir su hospital, marcando los límites del Eixample, que acaban justo allí donde Domènech dijo «prou».
Así, el Sant Pau, presenta sus diez pabellones originales en diagonal, girados 45º respecto a las fachadas del Eixample y confrontando su edificio principal, el de administración, directamente a la Sagrada Familia.
Un desafío que en la época se entendió como una falta de respeto hacia el proyecto que modernizó la ciudad, por lo que se quiso justificar como que esta era la orientación adecuada para que los pabellones hospitalarios, recibieran la correcta ventilación de las brisas marinas.
Esta rebeldía es la que inspiró el poema impreso en el Platos y Relatos del Timesburg Sant Pau, y cuyo microrrelato original decía así:

La rebeldía a la cuadrícula de Cerdà
¿Cuántas veces se han quedado obras maestras sin terminar porque alguien ha dicho: no lo toques, que ya es perfecto?
El Eixample es un ejemplo de perfección urbanística. Bien lo sabe Jaume cada vez que baja del Guinardó a la escuela de la que es maestro en Sant Pau. Todos los días camina la distancia de media hora que separa su vivienda del colegio, y es cruzar la ronda y encontrar la paz en un camino cuya rectitud y pendiente hacia abajo, hace que las piernas vayan solas…
Ese tiempo es oro para él. Durante esa media hora, con la misma meticulosidad que Cerdà tuvo para plantar su cuadrícula, Jaume aprovecha para repasar su jornada, marcar su horario, contar las clases por las que va a pasar, día tras día, mañana tras mañana…
La monotonía es algo que lleva instalado en Jaume años: como si siguiera un guion punto a punto, el viejo profesor saluda al frutero, al pescadero, se cruza con los mismos vecinos que esperan el bus de lunes a viernes… Llega a su escuela, abre su maletín en su despacho, y prepara las mismas lecciones de historia según el punto del curso en el que se encuentre: primer trimestre Edad Media, segundo Edad Moderna, y tercero Contemporánea. Hoy tocan Reyes Católicos.
De pronto, unas obras rompen los planes de Jaume por completo… La perfecta recta que era su camino al trabajo ha sido interrumpida por una zigzagueante zanja en el suelo. Contrariado, no le queda más remedio que tomar la calle paralela, que curiosamente es la que lleva al Hospital de Sant Pau.
420 manzanas que tiene el Eixample y ha ido a dar con las únicas 9 que no siguen la orientación que toca… Ese era el plan de Domènech i Montaner, que odiaba con toda su alma la monótona trama de Cerdà y quiso romperla conscientemente, como hoy la rutina de Jaume.
No sin quejarse por ello, don Jaume atraviesa el centenario hospital, obligado a mirar hacia arriba, hacia abajo, derecha, izquierda… no es su camino habitual, eso agudiza sus sentidos…
Es así como se cruza con la estatua de uno de los mayores poetas croatas, con Sant Jordi, con edificios a cuál más luminoso, colorista y lleno de detalles sorprendentes… Hoy no se leerá en su clase sobre “el nuevo mundo”, hoy sus alumnos, como él, descubrirán el modernismo.
Platos y Relatos: Las Lavanderas de Horta

[En construcción]

