El Desarrollismo en Barcelona es la etapa que corresponde a los años entre 1953 y 1974. Años en los que el urbanismo de la capital catalana enfrentaba enormes retos que requerían de una planificación ordenada y adecuada a unas necesidades no existentes en cualquier otra ciudad.
Por una parte, la Guerra Civil y el posterior periodo de posguerra, habían frenado la ejecución de concienzudos planes urbanísticos como el Plan Jaussely, creado en 1907 para determinar cómo se iban a unir las cuadrículas del Eixample con las villas del plano anexadas durante finales del s.XIX y principios del XX a Barcelona, o el Plan Macià, mucho más cercano en el tiempo (1934) y que, ideado por Le Corbusier y con la colaboración activa del GATCPAC, planteaban un urbanismo puramente
racionalista y la destrucción de tramas densas y caóticas como las que conformaban El Raval.
Por otra parte, con un Eixample perfectamente delimitado, pero aún por completar, su carácter elitistta impedía que sus terrenos fueran ocupados por el que supuso el segundo de los retos: la llegada masiva de migrantes sobre todo del sur de la península. Esto planteaba la búsqueda, adecuación y ocupación de terrenos del suficiente tamaño como para poder alojar un continuado flujo de nuevos habitantes que no afectaran al perfil “noble” de la Barcelona más céntrica.


El ritmo con que el efecto llamada de la disponibilidad de trabajo que ejercía la ciudad, -en tiempos de posguerra donde la ocupación laboral escaseaba-, no era cuestión de resolverse con la simple construcción de viviendas: la población de Barcelona en 1950 se estimaba en torno a los 1.280.197 habitantes, tan solo 273.141 menos que la capital, Madrid (1.553.338), y más del doble que Valencia (509.075), y aun así se preparaba para la llegada de en torno a 500.000 migrantes, que acudían con la promesa de crecer económicamente en una de las zonas del país más industrializadas y, con ello, más prósperas.

El Plan Comarcal: la recuperación del urbanismo para las élites
Como parte de esa industrialización, en 1953 se plantea una nueva guía de crecimiento urbanístico heredero del Plan Jaussely, pero que extendía su radio de acción más allá de las antiguas villas: el denominado como “Plan de Ordenación de Barcelona y su Zona de Influencia” (Plan Comarcal),
aprobado el 3 de diciembre de ese año con la intención de potenciar el crecimiento de la comarca del Barcelonés (Barcelona, L’Hospitalet, Sant Adrià de Besòs, Badalona y Santa Coloma de Gramanet).
El Plan Comarcal tenía como principal objetivo la regularización del suelo disponible no contemplado en anteriores planes para su construcción, con la intención de planificar las infraestructuras necesarias para hacer prosperar económicamente la ciudad a través del desarrollo de industria, dar cabida a la población de otras regiones del país que servirían de mano de obra para ella, y mantener el Eixample y las zonas más céntricas como espacios de crecimiento para la nobleza y burguesía.
El Plan Comarcal por tanto, rescataba el carácter elitista del fallido proyecto de Rovira i Trias que el de Jaussely heredó, mediante el cual se planteaba el radiocentrismo y el organicismo: delimitaciones concretas dentro del territorio a ordenar donde las zonas más cercanas al centro se reservaban para el comercio y las viviendas de las élites, y las más alejadas a la industria y las viviendas obreras.
| El proyecto ganador del concurso de urbanización de l’Eixample convocado en 1860 no tuvo en primera instancia a Ildefons Cerdà como elegido. El proyecto preferido por el consistorio barcelonés fue el de Antoni Rovira i Trías, arquitecto y urbanista municipal que planteó una distribución radial, similar a la que París implantó en torno a su Arco del Triunfo, en el que en el centro se situaban las viviendas nobles y los obreros en los bordes. La injerencia del Gobierno central finalmente declaró la propuesta de Cerdà, mucho más igualitaria en su concepción, como la ganadora. | ![]() ![]() |
Así, se fueron completando y asentando barrios de orígenes barraquistas como la Zona Franca, el Bon Pastor o Turó de la Peira y los que crecían a la falda del Collserola, mientras se allanaba el terreno para la expansión y urbanización de zonas en torno al Besòs y Llobregat.
Plan de Estabilización de 1959: la modernización de las grandes ciudades
El Plan Comarcal barcelonés se consolidó mediante el respaldo de las políticas nacionales en materia económica proyectadas por el franquismo mediante el denominado como Plan de Estabilización: un conjunto de medidas económicas impulsadas por tecnócratas que posibilitó el abandonó de la autarquía franquista por una economía de mercado, liberalizando el comercio exterior y atrayendo con ello inversión extranjera.
Esta inversión propició la creación de polos industriales sobre todo en el triángulo Madrid – Barcelona -Vizcaya, con la consecuencia colateral de que las regiones tradicionalmente rurales, iniciaran un éxodo poblacional hacia estos tres focos de crecimiento económico.
El Plan de Estabilización produjo que el país pasara de ser eminentemente agrario, a industrial en un corto tiempo de plazo, provocando que cuatro millones y medio de españoles abandonaran la provincia donde residían y se fueran a vivir a otra diferente entre 1960 y 1975.
Para poder dar acogida a toda esta masa obrera, por otra parte necesaria para poder asegurar ese crecimiento que propagandísticamente se denominó como “el milagro económico español”, desde las políticas estatales se financiaba y propiciaba la creación de desproporcionados polígonos de viviendas en las grandes ciudades.
Con el Plan Comarcal en Barcelona aún en marcha y con terreno para ello, estas políticas estatales encontraron el perfecto encaje para que se desarrollaran en la periferia los polígonos del Desarrollismo.
Es así como se construyeron los primeros barrios del desarrollismo en Barcelona: Torre Llobeta, Vilapicina, Verdún, Porta y La Prosperitat.
El “Porciolismo”: la perversión del desarrollismo en Barcelona tiene nombre propio
El nuevo contexto económico y político que ofrecía el Plan de Estabilización propició que el Plan Comarcal, aunque estableciera unas bases de expansión a través del extrarradio de Barcelona, quedara obsoleto ante una Barcelona aún más creciente en lo industrial y con una afluencia
migratoria aún mayor que la inicialmente prevista debido al empuje del nuevo plan.
Es por ello por lo que a finales de la década de los 50 se dio por finalizada la vigencia del Comarcal y fue sustituido por políticas locales dirigidas desde la alcaldía de José María de Porcioles y su visión de la “Gran Barcelona”, con los preceptos del Plan de Estabilización como guía.
Porcioles es quien ostenta el título de alcalde más longevo de la ciudad (1957-1973), gracias sobre todo a unas políticas muy afines a los ideales de desarrollo del tardofranquismo (y, sobre todo, a la falta de elecciones municipales…). Su mandato por tanto coincide casi en su totalidad con el Desarrollismo, quedando en sus manos el crecimiento de los barrios de Barcelona y su periferia que se adscriben a esta corriente.
Bajo este mandato se propició un crecimiento poblacional desmedido, promoviendo grandes operaciones inmobiliarias, aumentos de edificabilidad (“els barrets de Porcioles”) y la construcción
masiva de bloques de vivienda, sin considerar servicios básicos como el alcantarillado o asfaltado, ni infraestructuras escolares o sanitarias.


Además de una transformación radical de la ciudad, estos planes agresivos, al realizarse sin planificación y sin medios, supusieron el abandono total de la población que habitaban estos nuevos polígonos de viviendas por parte de las administraciones públicas una vez concedían las viviendas.
Los promotores no es que fueran mucho más caritativos con estos nuevos barceloneses: no solo no colaboraron en la urbanización de los nuevos barrios, sino que excusados por la urgencia con la que se tenía que llevar a cabo estas construcciones, así como para hacer frente a la falta de medios
económicos para ello, usaban materiales precarios y entregaban pisos con desperfectos o por acabar, sin responsabilizarse de su adecuación. Tal era la deficiencia en los elementos usados para la construcción de las viviendas del Desarrollismo que muchas de éstas padecieron los primeros casos
de aluminosis detectados por el uso de cemento aluminoso.
El cemento aluminoso fue uno de los materiales de construcción más usados durante el Desarrollismo: su accesibilidad pero, sobre todo, la rapidez de su secado, lo posicionaba como el elemento idóneo para levantar bloques de vivienda al ritmo que esta etapa barcelonesa requería.
Cuando el 11 de noviembre de 1990, colapsó el primer edificio de los construidos con este material en el desarrollista barrio del Turó de la Peira, comenzaron exhaustivos estudios que determinaron que 195 de los 196 edificios del barrio estaban afectados por esta deficiencia constructiva.
Tras la llamada de alerta del caso del Turó de la Peira, Generalitat y Ayuntamiento extendieron los estudios al resto de barrios construidos durante el Desarrollismo, donde se calculó que se había utilizado este material precario en el 53% de los pisos que se construyeron en Cataluña entre 1950 y 1970, siendo entre 35.000 y 40.000 las viviendas con aluminosis en Barcelona. Con esta información disponible, un total de 31 barrios de la ciudad se organizaron a través de la FAVB para reclamar una
solución conjunta entre propietarios y administraciones, ya que los intentos por involucrar a las promotoras y culpabilizarlas por las deficiencias, habían resultado infructuosas.
Uno de esos promotores fue el constructor Román Sanahuja, que con el beneplácito del consistorio del alcalde Porcioles, se encargó de los edificios del Turó de la Peira en un tiempo en el que la corrupción inmobiliaria afloraba bajo el amparo de las administraciones franquistas. Tal era la
obsesión por edificar en cualquier lado y a cualquier precio en la Barcelona de Porcioles que, sarcásticamente, los barceloneses acuñaron tres refranes que apelaban a dos de los arquitectos municipales (Josep Soteras y Emilio Bordoy) y al yerno de Porcioles (Alfredo Briales Velasco), que actuaba de intermediario en los contratos urbanísticos:
-Si quieres construir en las aceras, llama a Soteras
-Si quieres construir hoy, llama a Bordoy
-Si quieres construir sobre viales, llama a Briales
El Turó de la Peira no fue el único enclave que padeció de golpe el problema del aluminosis tres décadas después de su construcción: otros barrios periféricos como el Polvorí (Montjuïc), Trinitat Nova y Canyelles (Nou Barris), La Pau y Besòs-Maresme (Sant Martí) y Via Trajana-Montsolis (Sant Adrià del Besòs) también registraron un notable volumen de viviendas afectadas.
Plan Director de 1965-1968: el frustrado intento de organizar el desarrollismo en Barcelona
El Porciolismo y la política liberal constructora que se amparaba bajo el Plan de Estabilización, fueron dejando a mediados de los años 60 una Barcelona caótica urbanísticamente. Más allá de las fronteras tan perfectamente lineales marcadas por el Eixample, la ciudad creció sin el orden que un plan urbanístico firme pudiera aportar, con barrios superpoblados totalmente desconectados no solo de los servicios básicos municipales, sino también de la propia ciudad al no disponer de viales y conexiones adecuadas.
Ante este desorden, dentro de las últimas etapas del Porciolismo se intentó poner solución mediante diferentes modificaciones a los planes vigentes que, ante un intervencionismo propio de un régimen dictatorial, tenían que enfrentarse tanto a la política local, como nacional.
Uno de esos planes fue el Plan Director de 1965, en el que se comienza a hablar no ya de una comarca, sino de un área metropolitana barcelonesa, dando tratamiento de injerencia local a las zonas de crecimiento de los municipios colindantes que padecían similares problemáticas de
crecimiento (Bellvitge en L’Hospitalet; La Mina en Sant Adrià del Besòs; El Gorg, Sant Roc y El Pomar en Badalona; y Fondo, Oliveres y Singuerlin en Santa Coloma de Gramanet son ejemplo de polígonos construidos en la periferia de Barcelona bajo los criterios desarrollistas) y propiciando la conexión con la capital de estos espacios mediante amplios viales.


El choque mencionado entre administraciones, proviene de que la ley estatal, no contemplaba la revisión o modificación de los planes aprobados hasta 16 años después de su puesta en marcha. Aunque en la práctica ya se consideraba desfasado por la injerencia del Plan de Estabilización, el
Plan Comarcal era, de cara al gobierno central, la guía a seguir para el modelo de ciudad que se estaba proyectando de Barcelona y sus alrededores. Todo ello a pesar de ser diseñado en un momento de situación económica y de corrientes migratorias muy diferente al de la Barcelona de los años 60.
Es por ello por lo que, la entonces Comisión de Urbanismo de Barcelona, solicitó formalmente al Ministerio de la Vivienda autorización para avanzar la revisión del Plan Comarcal, constituyéndose e 1962 un equipo, -el primer equipo auténticamente pluridisciplinar en Cataluña y en España, lo cual demuestra la verdadera intención de hacer valer un plan urbanístico factible a la realidad, a las necesidades presentes y futuras, de la Barcelona metropolitana que sobre el terreno ya se estaba dibujando y sin la única injerencia del consistorio-, para iniciar los trabajos de ordenación que no
estaban contemplados.
No obstante, la falta de cobertura en la Ley del Suelo de 1956 y el choque frontal con otras administraciones de Ayuntamientos que se incluían dentro del área metropolitana más allá de las comarcas del Barcelonés (se especificaban acciones que involucraban a municipios del Baix Llobregat e incluso del Garraf), dejó al Plan Director como un estudio meramente informativo, recuperado posteriormente como base del Plan General Metropolitano de 1976.
La vigencia de este fallido plan en el posterior de 1976, se puede apreciar en cuanto ya en 1965 se contemplaba la creación de un sistema urbanístico policéntrico, descongestivo y con niveles urbanos equitativos y homogéneos, donde se le daba la merecida importancia a las infraestructuras de toda clase. Es decir, el Plan Director de 1965 contemplaba resolver todos los problemas que habían caracterizado a los barrios del Desarrollismo. Razón por la cual esta etapa histórica barcelonesa, no se cerró hasta la plena vigencia del PGM de 1976.



