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Verdum: el maltratado barrio de Barcelona que pudo ser todo lujo

El barrio de Verdum es de los más densos y de menor renta de la ciudad. Sin embargo, sus inicios apuntaban a ser la zona de lujo y veraneo del artisteo local.

Hoy el barcelonés barrio de Verdum comparte con sus vecinos de Nou Barris la lucha de salir de estigma de zona periférica, con una historia y legado que lo sitúa como una de las zonas más maltratadas por el desarrollismo en Barcelona.

Sin embargo, donde hoy reside la lucha obrera, pudo ser una lujosa urbanización entre viñas y donde estaba destinada a descansar la aristocracia y el artisteo barcelonés de principios del s.XX. Y todo por voluntad de un torero… de un bombero torero.

La barriada del Charlot: los lujosos inicios de Verdum

Hoy Nou Barris es una densa trama de barrios donde el orden urbanístico brilla por su ausencia. Años y años de construcción desarrollista y precaria, dejaron cicatrices que aún cuestan cerrar.

Sin embargo, antes de que el Desarrollismo desfigurara esta zona de Barcelona, barrios como Roquetes, Torre Baró o Verdum, estaban destinados a convertirse en elegantes zonas de paseo y recreo veraniego para las acaudaladas fortunas que el resto del año ocupaban el Eixample.

De todo el señorío que a comienzos del s.XX hacía fortuna y querían gastarla en casas solariegas a las faldas del Collserola, a Verdum fue a parar probablemente el más estrambótico y particular: Carmelo Tusquellas, más conocido como «el Charlot».

Tusquellas era un habilidoso torero de principios del s.XX, que sin embargo no conseguía despuntar hasta que, un 22 de mayo de 1916 en la plaza de Las Arenas, el bueno de Carmelo decidió innovar en su arte para obtener la atención del público, realizando imitaciones de Charles Chaplin sobre el albero.

El truco le funcionó muy bien. Tanto, que a los pocos años, se dedicó a mostrar sus «charlotadas» a lo largo y ancho del mundo con especial éxito en Latinoamérica. Su toreo bufo lo mantuvo en activo hasta su retirada en 1951.

Nuestro Charlot patrio pudo hacerse así con una fortuna que, en 1924, decidió invertirla en urbanizar elegantemente un espacio entre rieras que, debido a su cercanía con el sanatorio mental del doctor Pi i Molist, había mejorado su conexión con la ciudad y las antiguas villas que comenzaban a acercarse entre sí. Surgía así los inicios del barrio de Verdum, por entonces conocido como el barrio de Charlot.

El Charlot de Verdum: del toreo bufo a la promoción y lucha vecinal

Carmelo Tusquella, al año de comenzar a edificar elegantes casas solariegas en Verdum se encontró con un primigenio problema que posteriormente sería endémico de la zona: la falta de suministros y servicios.

Pese a que por entonces, los antiguos terrenos de cultivo de Sant Andreu ya eran parte de Barcelona, con un Eixample aún por rellenar y con el antiguo núcleo de Horta como zona habitada más cercana, la urbanización que Charlot había iniciado lo hacía en medio de la nada. En un lugar muy bonito, verde y fresquito, pero con poco más que una carretera, la actual calle de Pare Rodès, que unía Sant Andreu con el sanatorio mental del a Santa Creu.

Cuestión de nombres

El hoy carrer Pare Rodès se denominaba antes del franquismo carrer de Charlot. La asociación con el actor de tendencia comunista provocó el cambio de nombre, dejando sin homenaje al torero promotor hasta la década de los 90, donde una placeta en el cruce con el carrer de la font d’en Canyelles recibe su denominación.

En cuanto a Verdum, la primera de las calles que se asfaltaron en 1919 en la zona tomó el nombre de la localidad francesa donde, a ese momento, se estaba librando una de las batallas de la I GM, con una importante participación de reservistas catalanes. Cuando siguió la urbanización de la zona tras esta primera calzada, el barrio al completo tomó su nombre.

Caso distinto a la plaça del Verdum, cuyo artículo «del» nos da pistas que no se trata ni del barrio, ni de la localidad francesa, sino de la ave (verdejo).

Sin más agua que la que proporcionaba las riera de Canyelles y el torrente de la Guineu y, sobre todo, sin electricidad, Charlot se movilizó para que el Ayuntamiento trajera cableado y suministros a la zona. Para ello en 1925, junto con otros propietarios de la próspera zona, constituyó la entidad «Defensa de los Intereses dela Propiedad Urbana de las Afueras de San Andrés», más adelante reconvertida en «Associació de Propietaris de les Roquetes», conocida como «Els Propis».

Carmelo Tusquella iniciaba así una de las más características peculiaridades de Nou Barris: la asociación vecinal, mediante la cual se conseguían muchos más avances gracias a la organización que a la acción individual.

Del barrio de Charlot a las Casas del Gobernador

Pese a las luchas del incansable bombero torero, lo complicado de la orografía y el hecho de que el desarrollo de los medios de transporte, facilitara a la burguesía el veraneo en otros lugares más atractivos para ello como el Maresme o la Costa Brava, propició que la construcción de lujosas casas en lo que hoy son Roquetes, Torre Baró y Verdum, no prosperara, quedando estas zonas en estado de semiabandono.

Tal fue la pérdida de atractivo que, de una lujosa urbanización, estos terrenos pasaron a ser ocupados por los chabolistas de la Diagonal.

La Diagonal que hoy conocemos, a mediados del s.XX apenas ocupaba su eje más céntrico, teniendo un impulso a su desarrollo con la celebración del Congreso Eucarístico de 1952 cuyos eventos centrales se realizarían en un altar construido en lo que hoy es la plaza de Pío XII. Pero para que estas misas lucieran como el franquismo quería que lucieran, se debía desalojar al asentamiento chabolista que por entonces se situaba por allí.

Para su realojo se construyeron principalmente dos polígonos de viviendas: Can Clos en Montjuïc, y las denominadas como “Casas del Gobernador”, en Verdún. La rapidez de su construcción y el abaratamiento de costes supuso que en tan solo un año se levantaran 41 bloques acogiendo 945 viviendas.

Las Casas del Gobernador: unas casas de papel que actuaban como campo de concentración

Las Casas del Gobernador, que reciben el nombre de quien decidió que el realojo se realizara en estos terrenos: Felipe Acedo Colunga (gobernador civil de Barcelona) no eran mucho mejor que las barracas de la Diagonal.

Estas casas se inauguraron oficialmente el 10 de julio de 1953, dando el pistoletazo de salida a una fiebre constructiva, la desarrollista, de la que sus características se convertirían en el triste patrón a seguir a lo largo y ancho de la periferia barcelonina durante los siguientes 25 años: bloques de vivienda deficitarios, sin apenas comodidades y construidos a toda prisa para dar cabida al mayor número de población migrante.

Tales fueron las deficiencias en las Casas del Gobernador que no tardaron en recibir el sobreapodo de “casas de papel”. Nombre que da buena fe de su precariedad: pisos de apenas 15-20 m2 donde se hacinaban familias enteras, sin apenas potencia eléctrica y con numerosas filtraciones, a lo que sumar baños y lavaderos comunitarios.

Por si toda esta situación de precariedad no fuera suficiente, las Casas del Gobernador se encontraban en constante vigilancia de manos de las autoridades franquistas. Calificada como zona conflictiva, el acceso estaba restringido para todo aquel que no habitaba sus viviendas, y quien lo hacía pero permitía la visita de personas fuera del núcleo familiar, se exponía a perder la propiedad.

Este control se llevaba a cabo en ocasiones de forma infrahumana, acudiendo las autoridades en mitad de la madrugada a garantizar que la minúscula vivienda solo estaba habitada por los allí censados. Para ello, todo el núcleo familiar debía cuadrarse a la entrada de la vivienda y permitir que los guardias registraran la propiedad sin ningún tipo de impedimento. Si encontraban algo sospechoso o a alguien ajeno a la familia, todos eran inmediatamente expulsados en mitad de la noche.

Verdum: símbolo del desarrollismo más salvaje

Tal como hemos tenido la ocasión de mencionar, las formas en las que se urbanizaba la zona con las Casas del Gobernador, fueron muy características de promociones posteriores que dieron forma a todos los barrios de Nou Barris y otros desarrollistas como La Verneda i La Pau, La Marina, Baró de Viver o el Bon Pastor.

Abierta la veda de urbanizar masivamente la zona en este primer desarrollismo, a las Casas del Gobernador le siguieron otras promociones como la proyectada por la Obra Sindical de l’Hogar, en torno a lo que hoy es la plaza de Verdún. Se iba formando el triángulo que hoy es el barrio, entre las calles de Artesanía, la Vía Jùlia y la Favència.

Pese a sus reducidas dimensiones (Verdum, con 0,23 km2, es el tercer barrio de menor tamaño de los 73 que conforman la ciudad, solo superado por Can Peguera y La Clota) cuenta con 12.727 habitantes, lo cual lo convierte en el segundo barrio de Barcelona de mayor densidad demográfica, con 53.700 habitantes por kilómetro cuadrado.

Esta es otra de las características que convierten a Verdum en emblema de los barrios desarrollistas: una altísima densidad que incluso le supone duplicar los 25.330 hab/km2 de media de Barcelona, ciudad que, por todo ello, es considerada la quinta ciudad más densa de Europa.

Pero lo que caracteriza a Verdum como barrio desarrollista de pleno en Barcelona tiene como triste protagonista a lo que sucedió la noche del 11 de noviembre de 1990 en el cercano barrio del Turó de la Peira. Tras esa madrugada, Barcelona, Cataluña y España entera se despertaban con un término copando titulares: la aluminosis.

El derrumbe de un bloque en este barrio no solo causó la muerte de la Ana Rubio, a quien el colapso le cogió por sorpresa, sino que también destapó el uso negligente de cemento aluminoso en nada más y nada menos que en 13.000 edificios: el 53% de los pisos construidos en Cataluña entre 1950 y 1970, lo que constataba una realidad que los vecinos de los barrios del desarrollismo se afanaban durante décadas por demostrar: sus casas se construyeron con muchas deficiencias y desperfectos.

Desperfectos de los que ninguna administración se hizo cargo en el caso de Verdum hasta 1992, con el debate sobre la aluminosis ensombreciendo las instalaciones olímpicas de la Vall d’Hebrón cercanas y cercando una ciudad que intentaba mostrarse como moderna y cosmopolita. Suficientes motivos como para que se responsabilizaran de surehabilitación y de mejorar una de las zonas con mayor foco de conflictividad por años y años de abandono.

Qué ver en Verdum

¿Tiene algo para ver un barrio desarrollista como Verdum? Esto no va de romantizar ni de mucho menos gentrificar un rincón tan históricamente maltratado como éste de Barcelona, pero sí de poner en valor y reivindicar barrios que, con toda la literalidad de la palabra, se han tenido que hacer a sí mismos.

En Verdum no encontraremos modernismo ni, por suerte, autobuses rojos descargando guiris, pero sí quizás un bar que sirva mejor que nadie los torreznos, donde no haga falta reservar con antelación tras un paseo por el parc de la Guineueta.

Además de eso, Verdum tiene historia, y el siguiente patrimonio así lo certifica:

Cases del carrer Antoni Gilabert

Se trata de tres casas de planta baja que suponen el único testimonio del barrio que sobrevive de cuando esta zona era codiciada como terreno de esparcimiento de la burguesía local.

Datadas en 1923, coinciden en el tiempo en el momento en el que nuestro simpático Charlot señaló los terrenos de Verdum como adecuados para que aquí se construyera bien, no como en décadas posteriores…

Su estilo ecléctico y su decoración con ricas molduras y detalles, las hacen destacar en un entorno en el que las casas de autoconstrucción dominan el paisaje.

Parroquia de Sant Sebastià

Si no lo marcamos como punto de interés, poco o nada se diría de esta edificación religiosa que ni luce modernista, ni lo pretende.

La parroquia de Sant Sebastià es un ejemplo más de construcción eclesiástica propia del desarrollismo, donde lo que menos importaba era la fachada y donde únicamente se les pedía a los promotores otorgar a la tradicionalmente creyente población migrante del sur, un lugar donde dar rienda suelta a su espiritualidad.

Solo la cruz, presente en la cuarta planta de la estructura blanca que esconde su escalera, y una escultura del santo mártir nos anuncia que este edificio anodino y propio del último desarrollismo, es una iglesia. Y sin embargo arquitectónicamente, vale más de lo que parece…

Precisamente por recoger todos estos preceptos de la arquitectura religiosa desarrollista, -y que, aunque nos parezca un edificio sin más de la actualidad, data de 1968-, la parroquia de Sant Sebastià cuenta con valor constructivo, amén de ser proyectada por MBM: el estudio de arquitectura capitaneado por Oriol Bohigas (DHUB, edificio Colmena de la Meridiana, port Olìmpic).

Plaza de Francesc Layret

Sigue las mismas peculiaridades que la parroquia de Sant Sebastià de Verdum: a simple vista una plaza sin más pero destacada y con mucha más historia de la que aparenta.

La plaza de Francesc Layret es de las pocas y de mayor tamaño en un barrio muy densificado. Razón por la que actúa de «plaza mayor». Tras décadas en las que todo terreno era máximamente aprovechado para la construcción, los vecinos de Verdum tuvieron que esperar hasta 2002 para contar con un espacio de recreo propio dentro de sus fronteras.

La plaza es obra de Màrius Quintana Creus: arquitecto especialista en desdensificar espacios: suyas son la urbanización de la cercana plaza de las trabajadoras y trabajadores de la Harry Walker, el Parc Miró, la peatonalización de la avenida Gaudí o la plaza de la Catedral.

Para Verdum, Quintana creó un espacio en el que destacan cuatro estanques en forma de cascada, y una pérgola de madera y metal lateral para dar sombra.

Torre Favència

El único símbolo de cierta modernidad (se inauguró en 1986) en Verdum lo encontramos compartiéndolo con el barrio de la Prosperitat.

Se trata de la Torre Favència, que culmina la reforma que se realizó a mediados de los 80 de la Vía Jùlia, frontera entre los dos barrios.

Toda la Vía Jùlia actúa como un alivio a la densificación de la zona. Con una amplitud inusual de las calles de estos barrios desarrollistas, la vía es un paseo de sombra para el cual el Ayuntamiento planteó una torre de luz que actuara como símbolo de la regeneración de la zona. Para ello, contó con la colaboración de Antoni Rosselló Til: diseñador industrial especialista en mobiliario urbano y torres lumínicas como las que posteriormente decorarían el paseo marítimo de Bogatell para las olimpiadas.

Antoni Roselló Til es ampliamente conocido por diseñar las icónicas cabinas verdes de la ONCE


Roselló Til ideó para la apertura norte de la vía, junto a la Ronda de Dalt, un faro luminoso cilíndrico, cuyo basamento se enciende a la noche. Su situación en estos barrios y su forma, quiso que muchos vecinos vieran en esta obra la representación gigantesca de una jeringuilla, recibiendo por ello el despectivo sobrenombre de «monumento al yonki».

El barrio de Verdum a día de hoy

A principios de los 90 comenzaban los derribos y nueva construcción de 633 viviendas coordinadas por el Ministerio de Fomento, Generalitat y Ayuntamiento. Estos derribos fueron el comienzo de la dignificación de una zona muy simbólica del tratamiento que durante años habían recibido los barrios del desarrollismo: guetos cuya conflictividad no surge de sus propios habitantes, sino de un sistema donde la falta de planificación y tratamiento de los problemas lo condenan al abandono y al rechazo social.

Hoy el barrio de Verdum luce parcialmente remodelado, con espacios abiertos y peatonalizados en sintonía con otros barrios de la ciudad para hacerlos más habitables. Aunque también es cierto que si gran parte de las antiguas Casas del Gobernador y las de la Obra Sindical de l’Hogar se demolieron a causa de la aluminosis, aún perduran rastro de éstas en el núcleo antiguo del barrio esperando una rehabilitación que, casi cuatro décadas después, aún llegan con cuentagotas.

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