Nou Barris es el distrito más joven de Barcelona. Establecido como tal en 1984, la gran mayoría de sus 13 barrios no comenzaron su pleno crecimiento hasta las décadas del desarrollismo: 50, 60 y 70. Este corto recorrido no le impide contar con lugares con mucha más historia que estas apenas cuatro décadas de «oficialidad». Es el caso de Can Peguera, que en 2028 se convertirá en «barrio centenario»
Can Peguera: el decano de Nou Barris y del desarrollismo en Barcelona
Can Peguera es el primer proyecto de vivienda pública que se proyecta en los terrenos que hoy pertenecen de pleno a Nou Barris. Antes, el ahora distrito era, como comúnmente se suele decir, «todo campo», siendo un lugar de masías compartidas entre las antiguas villas independientes de Horta y Sant Andreu.
De hecho, Can Peguera debe su nombre y su surgimiento a situarse en los terrenos de la masía homónima. Una masía, la de Can Peguera, donde en torno a ella se fabricaba la brea de las resinas de los pinos mediterráneos tan numerosos en la zona. Esa brea sería el pegamento que daría nombre a la propiedad y, posteriormente a partir de 1928, al barrio.
Can Peguera no es solo el inicio de Nou Barris como zona residencial, sino también el de un tipo de construcción, la «casa barata», que comenzó a desarrollarse en Barcelona en torno a finales de la década de los veinte del siglo pasado, coincidiendo con la celebración de la Exposición Internacional de 1929.

Las Casas Baratas de Barcelona: del barraquismo a la construcción social
Este evento trajo consigo la primera de las olas migratorias del s.XX en Barcelona. Pero para que la Exposición Internacional se pudiera llevar a cabo tal como se planteó, -remodelando por completo la ladera de Montjuïc-, la ciudad no solo necesitaba mano de obra, sino también reubicar a los barraquistas que se situaban en los terrenos donde se celebraría la exposición.
Para ello, el consistorio planteó el realojo en un conjunto de viviendas de una única planta destinadas a la clase obrera, al gusto de los pueblos sureños de donde provenían. Estos obreros accedían a ellas mediante ayudas oficiales o préstamos de bajo interés. De ahí la denominación de «cases barates»
Así, el primigenio barrio de Can Peguera (conocido por entonces como colonia Ramón Albó en varias ocasiones hasta 1998), tiene el peso histórico de ser el testimonio mejor conservado del primer plan municipal de vivienda, junto con los otros tres proyectos de cases barates como resultaron los barrios de Eduard Aunós (La Marina), Baró de Viver y El Bon Pastor (ambos en Sant Andreu).





Este plan municipal de finales de la década de los veinte por otra parte, marcaba el proceder y las zonas donde, posteriormente, se llevarían a cabo otros proyectos públicos destinados a recoger la segunda (década de los 50) y tercera (60-70) ola migratoria, en lo que se pasó a denominar como los años del desarrollismo.
A medida que crecían las olas migratorias, lo hacía el tamaño de terreno construido y la planta de la construcción. Así, de los primigenios barrios de la Exposición de una única planta, se fue avanzando hacia lo que posteriormente se llegó a considerar como «barraquismo vertical»: edificios que superaban las diez plantas y que presentaban deficiencias constructivas propias de las barracas.
Can Peguera resiste aún hoy en día como contraste entre esa primera etapa de vivienda social y las posteriores, bien visible en los colindantes barrios de la Guineueta o el Turó de la Peira, donde la densificación de sus calles son aún hoy patentes.

La lucha de Can Peguera por su subsistencia
Tal fue el afán constructivo y la deformación paisajística de la etapa desarrollista que, una vez desmontada la estructura política que lo posibilitó (con un gran protagonismo del alcalde Porcioles y las constructoras Sanahuja, Núñez i Navarro y la del, erróneamente elogiado, Samaranch), el primer Plan General Metropolitano de etapa postdictadura (el PGM-76) contemplaba la reforma integral de muchos de estos barrios y, para otros tantos, su total desaparición. Plan que se adjudicó para Can Peguera.
De esta forma, curiosamente el proyecto municipal que pretendía dignificar los barrios desarrollistas, marcó para el más primigenio su total derribo. Mientras otros barrios luchaban por sus mejoras, el de Can Peguera tuvo que luchar por su supervivencia, con nombres propios como los de Bernarda Freijo, Eugenio Martínez, Pep Ortiz Sacristán y Bernabé Simón que encabezaron protestas sin autorización, organizaron asambleas, recogieron firmas, presentaron alegaciones y, en definitiva, enfrentaron el proyecto desde un Centro Social Ramón Albó creado en 1977.
Gracias a las insistentes protestas, en 1983 el proyecto se cambió de demolición a rehabilitación. Se salvaron el 83% de las viviendas, se trasladó el cuartel de la Guardia Civil (donde tantas represiones sufrió la gente del barrio) y se creó en su edificio un Casal de Gent Gran. En 2016 llegó finalmente la protección patrimonial que asegura su continuidad con el mismo perfil que el creado en el ya casi centenario barrio.

Qué ver en Can Peguera
Prácticamente la totalidad del barrio está conformado por las casas baratas, siendo por tanto éste su máximo atractivo. No obstante, dentro de éstas y en la pequeña franja que se adentra ya en el Parc Central de Nou Barris, encontramos el suficiente patrimonio arquitectónico y cultural como para que no todo sea construcción social al pasear entre sus calles.
Cases Barates de Can Peguera
Tal como hemos explicado, esta histórica forma de construcción social solo se dio en cuatro localizaciones de Barcelona, habiendo desaparecido por completo las de Baró de Viver, las de Eduard Aunòs y quedando apenas una franja de 16 viviendas en Bon Pastor (hoy musealizadas).
Es por ello por lo que a la hora de hablar de patrimonio de Can Peguera, la gran mayoría de sus viviendas lo son de pleno derecho. casi 500 viviendas en torno a siete calles que nos trasladan directamente al ambiente rural sureño.

Iglesia de San Francisco Javier
Tanto por el carácter religioso sureño, como por las injerencias sociales del cristianismo en la época, una de las primeras necesidades de equipamientos que se dieron en el nuevo barrio fue la construcción de una iglesia.
Ésta llegó en 1930, en los terrenos que quedaron junto a la antigua masía de Can Peguera. Una iglesia de aspecto humilde, fachada limpia y de una única nave pero con un estilo de aire colonial que la hace destacar.
Pese a que lo eclesiástico no conjugaba con los ideales republicanos, el carácter combativo y obrero de los habitantes de Can Peguera permitió que, durante la Guerra Civil, la iglesia se convirtiera en Casa del Pueblo y local social de la CNT.
Posteriormente, la dictadura respondió a esta combatividad construyendo una caserna de la Guardia Civil justo al lado. Cuartelillo en el que fueron represaliados y torturados muchos vecinos del barrio.
Antiga Escola Giner
Otro de los primeros equipamientos del barrio fue la escuela pública. Levantada en 1932. Aunque no forma parte «oficial» de esta organización, coincide en el tiempo con la última de las etapas de las Escuelas del Patronato que llevó a cabo su propio arquitecto, Josep Goday.
Con menos lustre que sus predecesoras, Goday imprimió a su edificación un estilo novecentista con una alta influencia racionalista, acorde con las últimas obras del arquitecto municipal. Es por ello por lo que ante la aparente sobriedad de sus paredes rectas, encontramos elementos como arcadas, frisos o la que resulta la decoración más llamativa y significativa: un trozo de la antigua verja del Institut de Salut Mental de la Santa Creu.
Actualmente, tras varias décadas de abandono, funciona como centro de día adscrito al hospital de Sant Pau.
Carrer d’Ogassa
No es que el carrer sea de por sí una atracción, pero sí que encierra una curiosidad digna de apreciar. El carrer d’Ogassa, en el tramo en el que el barrio de Can Peguera invade la Guineueta más allá del Passeig d’Urrutia, no es una calle al uso: es un artificio propio de la imaginería del arquitecto Emili Donato Folch.
Imaginería que no es colectiva, ya que este edificio es tratado como una obra menor del arquitecto, sin tan siquiera catalogarse entre sus construcciones reconocidas. No obstante, la mano del singular arquitecto se aprecia en el uso del ladrillo visto, el juego de formas rectas y semicírculos que dan lugares a espacios abiertos entre arcadas y portales.
Ese espacio abierto es este carrer d’Ogassa, que solo existe como patio interior en el que sus inquilinos pueden «aislarse» del bullicio exterior y recrear esas corralas tan propias de los lugares de procedencia de sus vecinos de acera.

«A César Vallejo»
Por suerte, la vía pública barcelonesa está repleta de homenajes. Algunos obvios y reconocibles, otros no tanto…
En este segundo grupo podríamos englobar al busto que decora una plaza en el triángulo que conforma el Passeig Urrutia con el carrer de Vilalba dels Arcs. Plaza y escultura están dedicada al poeta peruano César Vallejo.
Vallejo es nombrado a menudo como el mayor poeta del Perú. De ahí a que, cuando el Colegio de Médicos Peruano realizó su primera convención mundial en Barcelona en 1992, -coincidiendo con el centenario del nacimiento de Vallejo-, quisieran regalar a la ciudad una obra que inmortalizara este hecho.
De ello se hizo cargo el escultor Pedro Barrera Vega, y su colocación en este rincón responde a las actuaciones derivadas del germen del Plan de Barrios que supuso el «Barcelona Posa’t Guapa», acompañándose la intervención de un pequeño lago y de las características farolas-peineta que decoran gran parte de Nou Barris.
Como curiosidad, bajo la plaza se encuentra uno de los 15 depósitos fluviales de los que dispone la ciudad.

Torre Urrutia
Compartiendo acera con el edificio de Emili Donato encontramos un nuevo ejemplo de contemporaneidad en el vetusto perfil de Can Peguera.
Se trata de una torre de 16 plantas que destaca por su prominente altura en una de las pocas zonas no densificadas de Nou Barris. Construido como viviendas para jóvenes, su longitud no es la única característica que la hace llamativa, siendo su principal peculiaridad la asimetría que aporta tanto a la hora de distribuir los ventanales, como en el uso de materiales: ladrillo visto para las ventanas verticales, y el policarbonato, las planchas de metal y vidrio para las aperturas horizontales.

Habitatges Urrutia
Y de una torre para jóvenes, a un conjunto de edificios para la gente mayor.
Frente a la Torre Urrutia, en el minúsculo tramo que Can Peguera «roba» a Horta cruzando el passeig Fabra i Puig, encontramos la construcción que el Patronat Municipal de l’Habitatge de Barcelona ideó en 2007 como residencia particular para mayores.
Este conjunto de edificios de cinco alturas se repliega sobre sí mismo formando un zigzag, cuya llamativa forma se complementa mediante fachadas que dibujan piezas geométricas en tonos verdosos y ocres.

Can Oliveres
Terminamos este paseo patrimonial por Can Peguera con el que puede ser el vestigio más antiguo del barrio, aunque por idiosincrasia y localización, sea más atribuible a Horta.
Se trata de Can Oliveres: la residencia particular del impresor real y del Vaticano Vicenç Oliveres, que quiso en 1905 abandonar su vivienda en el carrer Aragó y construirse una torre en la tranquila zona de rieras y bosques que se iba habitando poco a poco junto a la parte noble de Horta.
Así, justo en la frontera con el que ya era nuevo barrio de Barcelona, encontramos la única edificación modernista de Can Peguera, que sigue líneas y estilos propios de lo que de forma más habitual se puede encontrar en la acera de enfrente.
Una construcción que cuenta con la firma de Josep Graner, conocido arquitecto modernista que cuenta con numerosas obras en Barcelona, La Garriga, Montcada i Reixac y Sitges, pero ampliamente conocido por la Casa de la Papallona (Casa Fajol). Para esta edificación, Fajol quiso imprimir personalidad a la torre que sobresale en forma de campanar, siendo éste y los tejados verdosos, las características más reconocibles de Can Oliveres.

